La España invertebrada y la fuerza del sino

En 1922, D. José Ortega y Gasset explicó al mundo entero el nefasto efecto que los regionalismos y separatismos provocaban en España, a la que auguraba un proceso de desintegración que ya entonces avanzaba desde la periferia hacia el centro.

Marcaba el filósofo como línea de salida para tan catastrófico destino la pérdida de las últimas colonias de ultramar. De esto hace cien años y para desgracia nuestra seguimos igual. Lo achacaba el insigne autor a la falta de una minoría ilustrada capaz de tomar decisiones firmes y eficaces, cosa en la que sí hemos cambiado, y mucho.

Nuestros políticos son ahora bastante menos ilustrados, por mucho que engorden fraudulentamente sus currículum, y siguen siendo incapaces de urdir un proyecto de vida común que ilusione a los españoles. Y si éste pasa por eliminar las comunidades autónomas que, lejos de unirnos, nos han separado potenciando los detalles que nos diferencia, que las eliminen. Su único logro ha sido el aumento desmesurado de políticos, administración y funcionarios, cada vez menos necesarios si tenemos en cuenta que evolucionamos hacia una administración 3.0.

Si se pregunta el lector a qué viene esta introducción pronto lo sabrá. El Ebro vuelve a desbordarse como cada año por estas fechas desde muchos siglos antes de que existiera el Delta por el que desemboca, mientras, en Levante, la sequía nos acucia hasta el punto de tener que comprar agua a Castilla-La Mancha, que tampoco le sobra.

¿Habrá mayor despropósito que tener que declarar en un mismo país y simultáneamente dos zonas catastróficas, una por inundaciones y otra por sequía y que esto sea una letanía de siglos?

¿Tan necios somos los españoles como sociedad que no somos capaces de compartir nuestra riqueza para aumentar nuestro PIB, rebajar las indemnizaciones y crear una red de canales que comunique todas las cuencas?

Esa infraestructura no puede costar más que los AVES, las autopistas, los inútiles aeropuertos diseminados por toda la geografía nacional o las inutilizables desalinizadoras, que arrasan los fondos marinos y esquilman nuestros bolsillos consumiendo una cantidad ingente de energía para obtener un agua cuasi destilada que luego hay que tratar con nutrientes artificiales, que nos cuestan otro pico, y que antes, previa catástrofe, hemos echado al Mar con todo su valor nutritivo.

De hecho, se me ocurre que con buena voluntad, menos políticos y menos reparto de administraciones y competencias, se podrían haber utilizado esas mismas infraestructuras para introducir bajo las vías férreas o calzadas los canales. Sólo con aprovechar los excedentes nos ahorraríamos las indemnizaciones millonarias por daños.

Pero ahí seguimos, como siempre, saltándonos los ojos entre nosotros para ver tuertos a nuestros congéneres y vecinos, facción nuestra que Goya, que por cierto era aragonés, captó ya en su tiempo y supo reflejar magníficamente en sus cuadros.

Y no se le cae a nadie la cara al suelo de vergüenza, y especialmente a Zapatero, ese profesor de Derecho Constitucional que pretendía un estatuto catalán con un Tribunal Supremo y una Hacienda propia, y que cuando fue tumbado por el Constitucional no se lo ocurrió otra cosa que decir que él gobierno buscaría la forma de darle la vuelta a la sentencia.

¿Qué se puede esperar de un país donde a los políticos delincuentes se les llama presos políticos, a los huidos exiliados, a las comunidades autónomas territorios ocupados, y los que quieren gobernarlo por la izquierda, además de no querer pronunciar su nombre, aún andan preguntándose si somos un Estado o una entelequia de Franco?

¿Qué podemos esperar de una izquierda que critica al gobierno por vender a Arabia Saudí 5 corbetas por un valor de 2.000 millones de Euros que proporcionarán trabajo a una buena parte del país?

¿Qué pueden ofrecernos aquellos que se ofrecen a gobernarnos y nos comparan peyorativamente con Alemania cuya Constitución prohíbe el separatismo, o con el Reino Unido que sí que invadió Irlanda y cuyo Norte (El Ulster) no piensa soltar nunca y ha suspendido de autonomía cuatro veces?

Tristemente queda acreditado que los españoles no necesitamos enemigos exteriores, con los de dentro ya nos destruimos solos.

2 comentarios de “La España invertebrada y la fuerza del sino

  1. Somos muy débiles como nación por el simple hecho que no hay unión y mucho menos orgullo nacional. Estamos cerca de una implosion Demasiados polichupones .e ignorantes supinos.

  2. Somos muy débiles como nación por el simple hecho que no hay unión y mucho menos orgullo nacional. Estamos cerca de una imploro. Demasiados polichupones .e ignorantes supinos.

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