Llega el vidente Sankum para proteger nuestras almas

Siendo viernes saben que este blog no usa de reflexiones sesudas. No obstante, la frontera entre lo no sesudo y la irrelevancia es notoria. En la serie El ala oeste de la Casa Blanca, el presidente Bartlet (Martin Sheen) le dice a una presidenta india: “Señora, hay tres cosas con las que no bromeo: Dios, los impuestos y el arma nuclear”. Como hoy les cuento, en materia de magia espiritual, la sanación de las almas es cosa compleja con la que no conviene especular.

Como ustedes saben vivo en una ciudad cosmopolita y moderna que dispone de la más completa de las ofertas en el mercado de la magia espiritual. Incluso fuimos, en su momento, visitados por un papa, que ocupó un espacio roquero durante horas.

Tenemos, naturalmente, al cura y al sacristán de toda la vida, portavoces de la magia oficial, a la que se han unido toda clase de cultos y remedios espirituales para tranquilidad y sosiego de las almas atribuladas. Disponemos, también, de varias iglesias rumanas, cuyas diferencias teológicas aún no he entendido. Tenemos un Imán oficial y otro dudoso, cosa que el pueblo llano rumorea debido a la sospechosa ubicación del coche de la guardia civil los sábados. Tenemos un lugar al que llaman sinagoga al que acuden señores con sombreritos y tenemos toda clase de espiritualidad oriental a disposición ciudadana. Los portavoces del estado del bienestar andan ocupados jorobando al personal o cuidando sobrinas y no tienen tiempo de los consuelos materiales que les son propios.

Teníamos desde la crisis financiera, hace ya más de una quincena de años, un déficit: perdimos a los portavoces de los espíritus mágicos. Cómo no recordar al Maestro Fatajo, chamán africano, y al profesor Bamba, su competidor, que se repartían en términos territoriales la ciudad, en inteligente estrategia de mercado.

Ciertamente, no presentaba Bamba, en su carta de servicios, la categoría de chamán, pero ofrecía una propuesta de alto valor añadido: el gran ilustre vidente “trabajaba a distancia”. Mientras, el Maestro Fatajo parecía cifrar su ventaja competitiva en que “poseía los espíritus mágicos más rápidos que existen”.

No se les veía preocupados por la crisis. Sin embargo, la crisis se los llevó antes de que pudieran esperar cualquier regularización o salario vital. Fueron fugazmente sustituidos por el Maestro Nema, con categoría de chamán, que además era visionario: se proclamaba, protagonista de una “adivinación completa” y ofrecía solución de una larga serie de problemas. Sin embargo, su desaparición fue rápida, cosa que no sé si se debe al mercado o a su discrepancia con la guardia civil, interesada en alguna de las medicinas mágicas que recomendaba, ustedes me entienden.

Pero al final, tras años de déficit espiritual, el mercado ha vuelto a resolver el problema: señoras y señores, ayer mismo, como consta en papelito publicitario depositado en mi buzón, que puedo mostrarles, se ha presentado en nuestra ciudad el Profesor Sankun. No es chamán, tan solo, un “gran vidente y médium competente”, sostiene en sus credenciales, que, además, se atreve a poner plazo de garantía: 72 horas. Le he enviado la publicidad al ministro Puente, para que se la pase a los de Renfe, porque Puente no lo necesita: él es grosero sin ayuda.

El profesor Sankun afirma en su publicidad disponer de remedios que curan a la enfermedad judicial, cosa de mucho interés para el gobierno que intentará, seguro, su inmediata regulación. La nueva carta de servicios del visionario de la ciudad no ofrece los espíritus más rápidos del Profesor Fatajo, sino unos “resultados garantizados”. Cosa que sitúa al vidente a la cabeza de la oferta mágica en nuestra ciudad.

Tanto es así que, puesto que el faro de la moral europea recibirá pronto al Papa, me atrevo a sugerir a las autoridades que, guiados por la eficacia de los nuevos espíritus, convoquen desayuno con el vidente en plaza pública, para el mejor estado de nuestras almas. Entre otras cosas, el hombre no solo resuelve problemas de pareja, sino que garantiza éxitos en el deporte y resuelve, aunque es innecesario en un país como el nuestro, problemas de impotencia sexual: Koldo se ha ofrecido a explicárselo, si no le condenan, él ha visto tantas cosas… Eso sí, promueve la mejora de nuestro PIB, ya que garantiza la atracción de clientes en bares.

Se nota, eso sí, que viene de un mundo antiguo, pues promete ayuda para aprobar exámenes: ignora que nuestro glorioso sistema educativo ya aprueba a todo el mundo. El profesor Sankun no es como Pedro, a él se le puede llamar que contesta, incluso a los canarios: ofrece un teléfono.

A ustedes les parecerá que esto es cosa de risa. Pero, amigos y amigas, vivimos un tiempo de retorno de la espiritualidad (y de la siquiatría). Rosalía afirma rezar un padrenuestro todas las noches; el motorista Jorge Martín confiesa estar leyendo la Biblia: “Siempre hay que creer en algo más allá”.

Tradición, historia y espiritualidad conviven en la ciudad moderna. Que esto haya sorprendido a la prescripción “woke”, por ejemplo a la que ha reconocido ser fiel seguidora del horóscopo como guía vital, pero sostiene en los Goya que debe alejarse a los jóvenes de cualquier muestra de religiosidad, es porque no estaban prestando atención a lo que ocurría. La vocación de cambiar a todo el mundo, sin preguntar, ha provocado una reacción de agotamiento cultural, especialmente entre los más jóvenes.

Por eso ha llegado a ayudarnos el profesor Sankum, a proteger nuestras almas. Le he llamado para tomarme el vinito de viernes a la salud de ustedes. Él también bebe, me ha explicado con claridad y tonito que no le confunda con otros. Ha prometido que, mientras brindamos por ustedes, él me explica no solo lo que son las artes escénicas, cosa que aún no he resuelto, sino también qué es una catedra sin catedrática. Le he preguntado si podría decirme que había en el teléfono del presidente Sánchez. Pero sostiene que de eso se ocupan los competidores marroquíes, que llame al Imán.

 

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