Los medios de masas que quiere Pablo Iglesias: un modelo de comunicación leninista para una ‘revolución social’

Pablo Iglesias ha dejado sus cargos públicos y la dirección de Podemos, pero eso no significa que el marido de la aún ministra Irene Montero vaya a renunciar a la política, vaya a abandonar su tesis ‘social-revolucionaria’ o deje de ‘tutelar’ el conglomerado político del que ha sido secretario general hasta ahora. Iglesias quiere una ‘cadena’ (sic) de medios de comunicación –incluyendo periódicos (web) y una televisión central- al estilo de lo que preveía Lenin con su periódico Iskra y con el mismo rol que el ideólogo bolchevique ideó para una publicación unitaria, global y revolucionaria en la Rusia de entonces.

Pablo Iglesias lleva años mirando a Jaume Roures, el polémico empresario setentón y productor cinematográfico, fundador de Mediapro y propietario de un 12% de Imagina Media Audiovisual. Iglesias se sentía incómodo en el Gobierno de Pedro Sánchez, con quien no congeniaba y con el que, de seguir en la Vicepresidencia Segunda, estaba abocado a una ruptura dramática.

En una situación realmente tensa, sin conseguir tener en el Gobierno la influencia que él mismo había previsto y atado en sus acciones públicas por la lógica de la pertenencia al Gobierno, la convocatoria de elecciones anticipadas en Madrid significó para el antiguo ‘coletas’ –se cortó el moño tras la debacle electoral- una auténtica válvula de escape.

Los pésimos resultados obtenidos en Madrid por la izquierda en general y por Iglesias y Podemos en particular determinaron su salida de la política; pero, en realidad, no fue más que una aceleración de sus planes, que incluían, al parecer, su retirada de la primera línea para preparar el camino a una auténtica e intensa labor de agit-prop entre bambalinas.

Las enseñanzas de Lenin

Iglesias es doctor en Ciencias Políticas y, naturalmente, un gran conocedor de la obra de Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin, al igual que lo es el propio Roures y algún que otro editor español gran amigo de Iglesias. En 1905, e igualmente en 1917, los medios de comunicación se limitaban a la prensa escrita o a los libelos –todos, naturalmente, impresos de forma clandestina-, pero, pese a la gran distancia recorrida en este terreno –radio, televisión, redes sociales, internet…-, el concepto sigue siendo el mismo: la manipulación y el control de las masas a través de la comunicación.

Lenin dejó escrito –e Iglesias lo asimiló muy bien ya en su época de estudiante de Políticas- que la revolución, para ser posible, debía nutrirse de denuncias –contra todo y contra todos-, y que la tribuna para estas denuncias ante todo el pueblo sólo puede ser un periódico central para toda Rusia: “Sin un órgano político es inconcebible en la Europa contemporánea un movimiento que merezca el nombre de movimiento político”, escribió Lenin. De ahí la obsesión de Iglesias por controlar los medios de comunicación, suprimiendo los que le son hostiles, denunciando a periodistas no afectos y habilitando medios nuevos que difundan el mensaje ‘único’ que quiere Iglesias.

Lenin había escrito en 1902 (en su opúsculo ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento) que “la prensa se ha convertido, en nuestro país [la Rusia zarista], desde hace ya mucho, en una fuerza; de lo contrario, el gobierno no gastaría decenas de miles de rublos en sobornarla y en subvencionar a los Katkov y los Mescherski de toda laya”…

Por eso, para Lenin, como para Iglesias, las denuncias políticas y las denuncias contra periodistas –en el caso de Iglesias, a través de la web vinculada a Podemos- son precisamente una declaración de guerra al gobierno –en el caso de Iglesias a toda la oposición, incluyendo la periodística-, “de la misma manera que las denuncias de tipo económico son una declaración de guerra al fabricante… no basta con pegar el marbete de ‘vanguardia’ a una teoría y una práctica de retaguardia”.

Medios para la desestabilización por agit-prop

Para publicitar su ‘revolución’, Iglesias no necesita periódicos locales o comarcales, sino periódicos centrales –ahora es prensa digital, lo que facilita mucho la tarea- para todo el territorio. En definitiva, unos medios –internet y televisión- comprometidos en dar un ‘empuje revolucionario general’ en todo el país, para lo que las organizaciones locales del conglomerado que forma Podemos deben trabajar principalmente para ese objetivo.

En cierta forma, es lo contrario de lo que proponía Lenin en su ¿Qué hacer?, aunque, claro, está adaptado al siglo XXI. Porque, en todo caso, Iglesias también cree en la necesidad de que la red de corresponsales que tendrá que crearse cuando esos medios se pongan en marcha –con socios como Roures, en su caso, y con algunos editores dispuestos a secundarle- deberán ser también los activistas en cada localidad.

En definitiva, se trataría de crear una red de agentes que se forme por sí misma en el trabajo de organización y difusión, que no tendría que ‘aguardar con los brazos cruzados’ las consignas para la desestabilización –que se haría a través de reportajes, documentales, entrevistas, post…-, sino que desplegaría justamente esa labor regular que le garantiza las mayores probabilidades de éxito.

De momento, todo está en la nube: no dejan de ser ideas más o menos definidas en el papel pero sin acuerdos reales. Sin embargo, pocos de los que conocen a Iglesias dudan de que cumplirá sus fines. Hasta ahora se apoya en un digital creado, parece ser, con el único propósito de denunciar a periodistas no afines o claramente hostiles con datos escasos pero hábilmente manipulados. Cuenta también con la complicidad de varios periódicos digitales cuyos nombres están en la mente de todos. Y hasta con alguna cadena de televisión vinculada a Roures, aunque parece que últimamente han surgido fricciones.

Pero no falta quien asegure que los planes de Iglesias van por buen camino, y que está desarrollando en completo silencio esa ‘red de corresponsales’ por si llegan los grandes acuerdos con Roures o con algún que otro editor de su cuerda. Ya veremos si hay acuerdo final.

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