Abril, 1917; San Petersburgo. Lenin llega a la Estación de Finlandia y grita: ¡Paz, trabajo y casa! En octubre de ese mismo año ya la había liado parda. Acaba su trabajo, deja el asunto en manos de Trotski y Stalin, un visionario Lenin, y se pilla una modesta habitación con su señora en el Instituto de Señoritas, donde ya no había señoritas.
Eso sí, en el Palacio de Invierno no se pintó ninguna pared. Ningún tesoro del que hoy conocemos como Hermitage fue destrozado. Incluso el barco que lanzó el cañonazo que lo inició todo, mantuvo su nombre, Potemkim, el más genuino representante del heteropatriarcado, la violencia y el machismo del tiempo de la gran Zarina.
Creían los bolcheviques que la ciudad es el testigo más insobornable de la historia y que debe permanecer, piedra a piedra. Creían los bolcheviques que la ciudad debe ser respetada, porque fue construida por trabajadores y trabajadoras.
Octubre, tarde de un día de 2026. Irene Montero baja de un avión en Barajas, grita ¡Paz, trabajo y casa! Pero llueve, hace frío, está cansada. Manda sus soviets a la Puerta del Sol y ella se va a Galapagar. Cinco minutos después, el Oso y el Madroño han sido vandalizados, pintados y decorados con amenazas asesinas.
¿Será el oso fascista? ¿Será machista? Lo primero es improbable, lo segundo más difícil todavía, en realidad parece Osa, a lo mejor es un elle. La respuesta estará, quizá, en la memoria histórica. El Oso se lo concedió a Madrid Alfonso VIII, por la contribución madrileña a la batalla de Las Navas de Tolosa. Vale no le gusta a la muchachada que el castellano venciera al moro, fue hace 714 años, pero ellos se han enterado ahora. Es comprensible. Pero qué les ha hecho el Madroño: al fin y al cabo, está ahí porque un alcalde madrileño quitó unas tierras a unos curas. Será esto, que les gustan las tierras, pero no los alcaldes ni los curas.
Madrid también ha sido construida por trabajadores. Los escultores son trabajadores de la cultura; el bronce lo extraen los mineros. Madrid ama su escudo. ¿Por qué insultarnos a todos? ¿Por qué borrar la historia que nos hizo como somos? Otra vez el recuerdo de Pasolini, otra vez “el fascismo de los antifascistas”. Otra vez la causa justa anegada por cuatro imbéciles.
Antes, el poeta de la libertad solía convocarnos a esa esquina de Madrid en la que suele citarse la memoria con la imaginación. Nos llamaba a esa ciudad que nos pertenece a todos como un puerto a sus barcos. Ahora ese poeta estará deprimido: ha descubierto que los poetas ya no son útiles; ahora se convoca a los vándalos.
Los vándalos hacen, simplemente, un simulacro, ensayan la fuerza que no tienen en sus votos. Su violencia contra Madrid será efímera. Madrid ha visto pasar a Comuneros y a las Brigadas Internacionales, ha resistido a franceses y a bombardeos, ha visto pasar a legionarios y malvados, a generosos esforzados y a mezquinos negociantes, a pensadores de todo signo y a mala gente que va pisando la tierra, ha llorado por Max Estrella y ha visto reír a los niños en el Price. A veces sus gobiernos huyeron del pueblo, dejando solos a sus generales. A veces, los generales fueron los héroes junto al pueblo. Madrid aguantó a todos.
Los jefes de los vándalos simulan; nosotros sabemos que simulan; ellos saben que sabemos que simulan. Pero siguen simulando. Es normal que quien tanto simula acabe siendo un tahúr.
Y ya ven, siendo viernes, que no da para cosas sesudas, debo hablarles de osos y tahúres. Es octubre. Los osos comen sus últimas bayas, para hibernar enseguida. Quizá ustedes sientan, como el cronista, que sería mejor marcharse a una cueva, hasta que vuelva la vida a las plazas, los osos asalten los madroños y usted pueda escuchar, por encima de los eternos cuartos del reloj, el hermoso lenguaje de la gente y no el grito airado de los vándalos. Yo me he venido a Praga que es más llevadero y enseguida vuelvo.
Es hermosa la juvenil gana de la pelea, son muchas las causas justas para indignarse. Y es generoso luchar por lo que es justo. No es tan hermoso ser manejado por tahúres, menos aún asaltar las plazas. Tahúr es quien con dos decretos asalta las casas de los trabajadores, tahúr es quien simula que dará casa a quien no la tiene. Tahúr es quien cuela una enmienda de soslayo para manipular votos; tahúr es quien paga a un narco para asustar a un juez. Tahúr es quien deja que roben una ciudad y la abandona. Tahúr es la portavoz socialista, buitre consorte, que especula, mientras llama buitre a los demás; tahúr es el ministro candidato a Madrid que firma desahucios en frente de la casa de Maricarmen; tahúr es la procesada que canta sobre aquellos que mandaban venalidades a la procesada de los trenes. De los que se llevan la pasta ni les hablo.
Hoy, siendo viernes, iré a tomarme un vinito a su salud. Le diré a mi tabernero que teniendo casa y negocio es “un tabernero buitre”. Se lo que me va a decir: antes había un tonto del pueblo, ahora los hacen portavoces del partido o ministras para que los valientes y heroicos vándalos acaben con un oso que ni siquiera está vivo.



