Puñetas, vacaciones y la inflación ninja

Afirma, a golpe de megáfono y grito, Pepe Álvarez, secretario general de la UGT, que poderes ocultos, que solo conocen él y Sánchez, quieren privarnos de las merecidísimas vacaciones que a todos y todas nos aguardan.

“¡Qué se vayan a hacer puñetas! ¡Vamos a disfrutar del verano!”, afirma frente a la sede de CEOE que es una organización que, al parecer, pertenece a los citados poderes ocultos. O sea, que ustedes vayan a reservar hotel ahora mismísimo, tengan o no tengan pasta.

Según sindicales reflexiones, los elevadísimos precios de sus vacaciones derivan de los afanes egoístas de quienes pagan salarios miserables, para atesorar notables beneficios.

En realidad, lo que dicen los números es que los hoteles, restaurantes y bares no se harán de oro en verano y tampoco se hundirán en otoño. Eso sí, lo del otoño se va poniendo oscuro para el resto, a medida que se van conociendo los datos.

Las caídas de los precios de las materias primas, con excepción de la energía, apuntan a caídas de la demanda. Los precios apuntan a no bajar. Ustedes pueden seguir consigna sindical, irse a la playa y sufrir en silencio el asalto de los precios: la ración de arroz carabinero se ha puesto en la costa de Almería, antaño barata, a 25 euros o cobran por servirle 1,70 euros por persona. (Tengo facturas que mis lectores me envían).

Que se vaya a hacer puñetas la inflación, usted vacaciones sin límite que eso es revolucionario. Por otro lado, la economía es así, los tipos de interés que siempre acompañan a la inflación, hacen que el futuro sea oscuro. O sea, disfruten antes del apocalipsis.

No les sorprenderá que les recuerde que lo de las dos Españas no tiene arreglo. Por ejemplo, mientras media España busca camioneros, la otra media busca camareros.

Hay momentos, eso sí, que las diferencias no existen y son meras apariencias, Por ejemplo hay quienes se levantan diciendo es que soy tonto y otros que dicen, yo no soy tonto y me voy de vacaciones. Craso error: señoras, señores, debo advertirles; la inflación nos ha hecho tontos a todos y todas. Pero muy tontos.

¿Vuelo cancelado? ¿Ropa de mala calidad? ¿Comida decepcionante y cara? Culpe a la maldición oculta de 2022.

Hay muchos productos que afirman venderse al mismo precio. A ver, el precio sigue siendo el mismo, pero los calcetines son más delgados y hay menos chuches en el paquetito que usted le compra a su nieto y así sucesivamente.

Reacios a subir los precios, negándose a sacrificar las ganancias, las compañías de viajes, los minoristas y los restauradores toman atajos dónde pueden, generalmente, sin avisar a sus clientes.

Se le olvidó decírselo a Sánchez y a Álvarez, la nueva normalidad es la mala calidad.

La crisis del coste de vida ha dado a los hogares españoles un curso acelerado sobre la miseria causada por la inflación, que está alcanzando niveles no vistos desde la década de 1980.

Pero ¿y si también hay otra fuerza trabajando en la economía, acechando en el fondo y haciendo que una mala situación sea un poco más sombría?

Junto a la inflación típica, donde se paga más por los mismos bienes, la inflación por reducción es cuando pagan lo mismo por algo que empeoró en calidad o cantidad.

Es un tipo de inflación que podríamos llamar “sigiloso-ninja”. Porque no te enteras, pero sales siempre derrotado.

A medida que los clientes luchan con el aumento de los costos de vida, las empresas deben elegir entre trasladar sus mayores gastos, recibir un golpe en las ganancias (si están obteniendo alguna) o reemplazar piezas o servicios con algo más barato.

¿Podemos usar algo más barato para hacer el mismo trabajo, una harina diferente para rebozar los calamares y así mitigar el aumento de los costos de los ingredientes y el flete?

Cambiar la receta puede significar que el precio no cambiará, pero la calidad y el sabor sí.

Ustedes que han salido desaforadamente de vacaciones, siguiendo revolucionaria consigna sindical, antes de que llegue el fin del mundo, o que “terracean” como un servidor, quizá hayan observado una sospechosa caída del nivel del vinito en la copa, la desaparición de algunos platos, la misteriosa desaparición del garrafón en la paella.

Señoras y Señores, hay, sí, dos Españas, la que corta la rodajita de chorizo como siempre y la que lo corta casi transparente.

Estimados y estimadas, avisados quedan. Pueden mandar a hacer puñetas a quienes les niegan las vacaciones, pero no vencerán a la inflación ninja.

  1. https://peregrinomundo1.webnode.es/l/punetas-vacaciones-y-la-inflacion-ninja/

 

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