Un agosto sin corbata (6): La cogobernanza baja de temperatura

La cogobernanza es que cada uno haga lo que le sale de la panza. Es el invento de postpandemia, cuando, más o menos después del “ayusazo”, La Moncloa decidió pasar del asunto y dejar el marrón al resto de los presidentes autonómicos, mientras discretamente retiraba al Doctor Simón de la tele.

Una vez olvidado el asunto, La Moncloa ha vuelto a lo que mola: el Decreto-Ley. Es asaz elegante sacar un decretillo en 1 de agosto, fecha fetén para realizar análisis y consultas.

El ahorro energético es ése que la ministra dijo, también en elegantísima respuesta (los del norte que pagan nuestra deuda estaban viviendo “por encima de sus posibilidades”) que no cumpliría en el modo que la Comisión Europea deseaba. Conseguida otra solidaria excepción, aquí estamos.

No cabe duda de que los shocks de oferta energéticos, procedan de la guerra o de cualquier otro conflicto o rotura de mercado, se arreglan mediante el ahorro energético, aceptando la pobreza que la inflación supone y protegiendo a los vulnerables.

Eso se dijo aquí desde el primer día, mientras el gobierno recurría a una bajada de impuestos a los combustibles (una subvención general es una bajada de impuestos), reclamaba una excepción ibérica para los precios, que también es general y adoptaba medidas que son para cualquier ciudadano o ciudadana, sin considerar su nivel de renta.

Ahora sí; toca ahorrar, para llenar los almacenes de gas, cosa que España no necesitaba -ya que en realidad estamos comprando gas ruso y americano-. Y para ahorrar, además de descorbatarnos en verano, excepcional medida en el mes que más se usa la prenda, degradamos la climatización y la calefacción. Y de paso la cogobernanza.

La cogobernanza tiene su sentido en la diversidad española, No hace en todas partes la misma temperatura, ni todos los municipios tienen el mismo turismo de compras o espectáculos que otros, ni la industria se extiende por la península. En Paris lo han entendido así, del mismo modo que en Alemania lo han dejado en manos de los Ayuntamientos.

Probablemente, estamos, en los concreto, ante la serpiente de verano que tanto se reclama mediáticamente. En lo constitucional, es también probable que se invadan las competencias en materia de comercio interior.

Sobre las sanciones, debo decirles que esas desmedidas cantidades aprobadas ya existían en la Ley actual y no se recuerda que se hayan aplicado, entre otras cosas porque no existe inspección posible.

Hay que decir que estos criterios no son solo de los negacionistas del PP. Opinan lo mismo aliados del gobierno y comunidades, como Aragón, gobernadas por los socialistas.

España no tiene mala tasa de ahorro: hemos reducido las emisiones contaminantes en un 40% en la última década. Y las contaminaciones difícilmente están en los escaparates o en la hostelería. Tampoco en la ciudad de Vigo, socialista, naturalmente.

El problema es que las emisiones graves de verdad se encuentran en el nivel doméstico y en las empresas, territorios en los que el gobierno no tiene lo que hay que tener para entrar, en vísperas electorales, ni capacidad para regular según renta el ahorro de energía.

Hay que decir que, con excepciones ibérica y demás, la inflación ya ha producido ahorros energéticos tanto en las empresas (cerca de un 10%) y en las familias (un 4%).

Así que la cogobernanza ha perdido unos cuantos grados, pero también el diálogo: nadie reconoce haber sido llamado. No parece que la ministra se haya mostrado muy sensible: todo se aplica y se aplica sin cambios, a ver si nos acostumbramos mal y cualquier presión va a provocar cambios.

La demanda eléctrica nacional del mes de julio se ha estimado en un 2,9% superior al de junio del año pasado. Y hemos consumido en los primeros seis meses un 0,6% menos. El mes pasado, casi el 39% de la generación peninsular fue renovable y el 59% procedió de energía que no emiten CO2 equivalente.

Lo que es dramático, por lo tanto, no está siendo el consumo, sino la amenaza de almacenes vacíos: o sea, la tontadica de Argelia, para que me entiendan.

La cogobernanza baja de temperatura, como que va camino del frío. No se preocupen, enseguida, en cuanto un aliado de La Moncloa proteste, cambiamos el decretillo.

 

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