Un agosto sin corbata (y 23): Septiembre

Se acabó. Llegó el final y cada uno, descorbatado o no, es cada cual y volverá a su afán. Dejo aquí en el chiringo, el libro, el vino y la rosa roja que resiste el verano tropical. Aquí solo queda el currito que dice, faltaría más, que teletrabaja mejor en la playa que en casa o cerca del jefe. Se queda el vendedor de pareos, el muchacho del ingreso mínimo vital y un ucraniano, también.

Ya es septiembre y ustedes se librarán de mis quejas por mi descorbatado agosto. Sepan que este mes transcurrido solo ofrece una conclusión posible: llega el apocalipsis, y les pillará sin elegancia, descorbatados.

Llegó septiembre, pero no me preocupa: en septiembre, yo no uso corbata.

Septiembre es, por cierto, el título de una canción inmortal que cantaba un grupo con nombre adecuado para los tiempos que corren ‘Earth, wind and fire’ (Tierra, viento y fuego).

A una de sus autoras (Elii Willis) se le fue la mano y compuso una letra, esotérica, de unas 25 páginas. Finalmente quedó en la letra que se conoce y un verso para la historia. Quién no hubiera deseado escribir: “Ba-dee-ya-dee”. Una crónica en sí mismo.

“Ba-dee-ya-dee” es lo que, al parecer, han decidido hacer, cada cual por su lado, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz: “a la calle, que ya es hora”.

Van a contarnos un cuento porque, entre nosotros, no solo lo valen, sino que son luz e ira, padre y madre de España, que quieren arrancarnos del sueño adormecido en el que nos ha metido la malvada derecha.

Feijóo, ganando en las encuestas, Macarena haciendo el Camino, Abascal que no le quita votos a la derecha, Yolanda que no suma, Podemos a la suya, los socios pidiendo pelas y cambios a gloriosos decretos leyes. Arrimadas, Arrimadas… bueno, eso.

La portavoz del Gobierno “lastrificándose” a marchas forzadas. Bolaños y los suyos dándole palos a Feijóo todo agosto con notable éxito: el cincuenta por ciento del votante socialista no sabe a quién votar.

Malamente. “A la calle que ya es hora”, dicen que ha gritado Sánchez en su ejecutiva reducida, para llenar páramos y valles de la nueva profecía. La maldad es de otros no de los buenos: todo controlado,

Calviño dice que, si eso, ella se queda en su despacho, que vienen tiempos difíciles. Mientras el Congreso aprobaba la última medida que nos sacará de la crisis, permite a los franceses importar energía barata, haciendo trampas, y coloca en la factura de la luz un paguito a las gasistas, el Gobierno revisaba sus indicadores de agosto.

Un pasmo que le ha dado a la señora Nadia. Observando que, vaya Pedro, todo el mundo tiene razón: los tiempos que vienen serán duros. “A la calle, que ya es hora”, todos menos tu Nadia que eres una agonías, dicen que ha gritado Pedro.

Tiempos duros, ha dicho el presidente de la Reserva Federal Norteamericana. Que sí, Pedro, todos los manuales de economía, viejos y nuevos, lo dicen: la subida de tipos de interés produce desempleo, te pongas como te pongas.

Cosa que a la ministra de la cosa y a los sindicatos no parece preocuparles: están pidiendo a gritos, “A la calle que ya es hora”, una segunda ronda de inflación, a golpe de aumentos salariales para todos, no solo para los más vulnerables.

Digo yo que, a lo mejor, las pensiones de a dos mil ochocientos, podrían esperar, y ocuparnos de las de seiscientos. O quizá de las nóminas de los maravillosos contratos a tiempo parcial (que sí, que no es trabajo temporal, faltaría más) que cobran la miseria que cobraban antes lo temporales.

Aprendimos con dureza hace casi cuatro décadas no solo que la inflación nos haría más pobres, sino que vaciaría las despensas y reduciría el consumo. Sí; claro, se recauda más, pero la gente ahorra: no porque se haya vuelto ahorradora, sino porque no tienen en qué gastar o tiene, como ayer les dije aquí, algo de miedo.

Septiembre es mes de cole. Los padres y madres acudirán encantados a librerías, vendedores de uniformes, tiendas de material escolar, a gastarse un par de comidas o cenas, porque todo va a ser baratísimo de la muerte.

Con septiembre llegarán las sesiones del Congreso, donde los socios trajinarán mayorías a precio de inflación, no vale lo mismito un acuerdo en tiempos normales que en vísperas electorales. Un alcalde bien vale unos acuerditos chulos a lo vasco o a lo catalán, de esos que enfadan tanto a los negacionistas y obstruccionistas de la derecha.

La ministra de la ecología afirma preparar unas cincuenta medidas domésticas para ahorrar en invierno. O sea, a pasar frío. Tezanos dirá que todo es una maravilla, que me lo veo venir, y que ustedes están de acuerdo.

La derecha, o sea Feijóo, hará la suya, que será oponerse, sin gritar demasiado, pero no moverse mucho y no equivocarse.

Ya les digo, “Ba-dee-ya-dee”, “Ba-dee-ya-dee”. La canción, también, incluía un verso que no puedo dejar de recordar ahora que, antes de que llegue el apocalipsis, despido estas crónicas de “Un agosto sin corbata”: “My thoughts are with you” (Mis pensamientos están con usted). Ojalá el apocalipsis les pille elegantes.

 

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