José Luis Rodríguez Zapatero ha roto su silencio en declaraciones exclusivas al diario El Mundo. Que Zapatero hable es, en sí mismo, noticia, aunque hable del mar y los peces. Felicidades al periodista que lo logró y al periódico que publicó. Donde hay madera y olfato profesional, hay madera y olfato profesional.
Me queda un pero, un regusto de incomodidad, para qué engañarles. Que en lugar de dar cuenta de las presuntas cosas que le reclama el juez, desde un joyero de notables dimensiones a un dinero rarito en Ecuador, más un no sé qué de minas, petróleos, cuentas y testaferros, también presuntos, nos predique sobre la amnistía me deja la sensación de blanqueo político de ciertas marranadillas. Y una imagen del mundo alternativo en el que vive el personaje: él cree que, a alguien, a la historia, le interesa lo que opine.
No debiera sorprendernos el asunto: ZP es liberador de presos como todo el mundo sabe; desde Caracas a Waterloo se corea su benéfico nombre liberador. Hay que decir que no es ajeno al asunto del fugado y sus cuitas: tras la imputación de Cerdán, muñidor de grandes acuerdos progresistas y futuros estratégicos, según él mismo cuenta (La caída), Zapatero se encargó del asunto y de transmitir secretos sobres a Pedro Sánchez sobre el enfado de Puigdemont por los engaños de la judicatura, empezando por el señor del Tribunal Constitucional.
Si el más acreditado de los portavoces del progresismo global (Jordi Évole) pidió “Una calle para Santos Cerdán” (La Vanguardia, 2023), por sus esfuerzos a la causa independentista, qué decir de Zapatero que ilumina el planeta con informes verbales que alumbran desde Caracas a Dubái. Otra de las musas del progresismo, miembro relevante de la banda de los 61, Marta Nebot, ha dejado escrito que la izquierda tiene estándares morales superiores en materia de ética, con un clarito ejemplo: no es lo mismo robar, opina, cuando se cree en el sálvese quien pueda, que hacerlo cuando se defiende la justicia social para todos. Ustedes lo han entendido bien, pueden sonreír con espanto.
Los corifeos y propagandistas volverán a tener minutos de gloria y griterío: ha vuelto, el derecho ha vencido a la insidia. Los demás nos quedaremos con la sensación de absurdo. La falta de la menor crítica entre los corifeos, aumenta la sospecha del intercambio de favores por la opacidad y la cloaca del partido creada y financiada, por la venal gestión de Leire, por Cerdán y por la hipocresía de ZP, perejil de demasiadas salsas, pero gran hombre de Estado, faltaría más.
A ZP le ha costado. No había entendido que lo suyo era por la justicia social, según Marta Nebod. Estaba deprimido, atrapado entre la máxima borgiana de “el lujo es la forma más costosa de la vulgaridad” y Veblen y su teoría de la clase ociosa. Ha roto su silencio, ha vuelto a la justicia social y ha decidido ayudar a su abogado: quiere normalizar la venalidad, el cinismo y la hipocresía. Si cuela, cuela.
Hoy ha resucitado y lo ha hecho para recordarnos al buen ladrón. Puigdemont es el héroe, renueva el estado de derecho, nos conduce al paraíso. El fugado es el profeta y traerá esperanza a la política española que no está anonadada por la corrupción, la falta de ética o el descrédito institucional: no; es por la cosa del fugado, que ustedes no entienden nada.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sostenido que la amnistía no contraviene, en el terreno económico en estas sentencias, la legislación europea. Quedan otras dos cuestiones prejudiciales por resolver, aunque no cabe duda de que allana el camino a la aplicación de la norma al fugado, ya que la malversación es el motivo que retiene las órdenes de detención. Queda tiempo para que el tema se resuelva. El fugado está contento. El Supremo mantiene la suya.
Y anotemos lo que es igual de relevante: a Junts ya le da lo mismo. El más “precivilizado” de los tuiteros, camarada Puente, se ha dado cuenta de ello y ha intentado tender una trampa al fugado: sé valiente, preséntate en España y la liamos parda. Alguno habrá que se lo esté pensando; necesitan gasolina para incendiar las calles, que los votos se van a la xenofobia “indepe”; probablemente, casi siempre estuvieron ahí.
El Gobierno se resiste a dejar de contar con Junts, a pesar de que no le votan ni una, cosa de mantener el poder a toda costa. El PNV si se deja comprar con cordericos y cositas. A Junts no le vale ni la atrocidad del nuevo modelo financiero. Solo quieren salir de ésta con el menor daño posible.
Puigdemont llegará cuando Pumpido ponga en marcha la máquina del Constitucional. El fugado fantasma se hará presente, perderá las elecciones, le pondrán una calle, esquina con Santos Cerdán, y los dos juntos, en compañía de otros que van llegando, incluido ZP, pasarán al urbanismo de la historia.
La amnistía no mejora, lo diga ZP o cualquiera de sus testaferros, nuestro modelo constitucional. De hecho, probablemente, pone un clavito en el intento de sepultar el llamado régimen del 78. Al tiempo, legitima la eventualidad de la venalidad institucional y la conspiración contra la norma legal. Es muy explicable que a ZP y sus asesorados conmilitones, esto le parezca bien. Los conmilitones lo practican y en Caracas y Waterloo opinaban lo mismo que ZP, faltaría más.
ZP ha roto su silencio. Al fin nos ha dado una prueba de algo: él no robó la amnistía. De lo demás, ya hablamos otro día, en exclusiva también, imagino.



