Empiezan los meses de dolor, Señoras y señores: sus hijos vuelven a casa a gozar de sus merecidísimas vacaciones. Estimados abuelos, tienen todas mis simpatías y complicidad. No; no hay eximentes por edad. Estos eran días de venganza del profesorado. Educadores y educadoras de sus hijos solían, en otras épocas, empaquetar de forma especial a los críos que les habían torturado durante el año: maleducados, poco estudiosos, abusadores, eran calificados convenientemente con un suspenso. La vida de los niños y la de sus padres pasaba a ser un infierno.
Ahora no, maleducados, poco estudiosos, niños abusadores, pacientes de decenas de síndromes desconocidos son enviados a casa, aprobados asintomáticos, para que se recuperen mediante terapia de pereza y cuidado paterno y de abuelos, que verán sus vacaciones convertidas en un infierno, mientras ellos disfrutan de la recuperación de su equilibrio vital.
En consecuencia, los profesores han encontrado otras formas de venganza. Por ejemplo, en estos días, se harán públicos esos correos o WhatsApp que ustedes creían olvidados, que una mañana decidieron enviar, creyendo que el tiempo los destruiría. Nada más lejos de la realidad. Han sido pillados cual Ábalos cualquiera.
Los profesores que este año han estado muy estresados, haciendo huelgas y eso, han decidido hacer públicas algunas de sus preocupaciones que son tantas como modelos educativos hay en el mercado. Mensajes que están teniendo mucho éxito en redes sociales y que revelan la amplia panoplia de formas de educar, ninguna de las cuales, para qué, tienen que ver con el conocimiento.
Asunto: la lluvia. “Buenos días, nuestra hija ha llegado tarde porque llueve, la lluvia afecta mucho a su estado de ánimo, por favor, ponedle presente pero no tarde”. Bendiciones. Asunto: mi hijo no habla. “Hola he recibido vuestro mensaje sobre nuestro hijo hablando en clase, solo quería decir que él no habla apenas en casa y tampoco habla con nosotros, así que estoy convencida de que tiene que haber un malentendido. Por favor, investigadlo”. Una madre preocupada.
Asunto: la nota de Olivia: “Hola, he visto que Olivia ha sacado un siete coma dos. Nosotros, en casa, esperábamos al menos un nueve ¿Hay alguna forma de ajustar eso, creemos que un notable alto refleja mejor su potencial? Decidme que formularios tengo que rellenar”. La madre de Olivia.
Asunto: problemas con el trabajo en grupo. “Hola, mi hija comentó que sus compañeros no hicieron su parte del trabajo, como ya sabéis, ella asume de forma natural posiciones de liderazgo, ¿hay alguna manera de que pueda recibir puntos extra por sostener emocionalmente al grupo? Gracias por reconocer sus fortalezas”. Atentamente, un padre orgulloso. Asunto: nuestros impuestos -esto le va a gusta mucho a mis amigos lafferianos-. “Buenas tardes, como pagadores de impuestos abusivos, simplemente queremos asegurarnos de que nuestros impuestos están proporcionando una experiencia académica positiva para nuestro hijo, actualmente ha sacado un cinco en matemáticas, nos gustaría entender cómo encaja esa nota con los impuestos que pagamos”.
Asunto: hace frío. “Hola, esta mañana estábamos a trece grados y mi hijo dice que, aun así, les hicisteis caminar desde el instituto hasta el polideportivo de al lado, ¿existe una opción con calefacción o transporte?. Saludos, una madre preocupada.
Finalmente, llega la reflexión emocional definitiva. Asunto: algunas reflexiones. “Hola, me he tomado un tiempo para reflexionar y quería compartir algunas preocupaciones: uno, la forma en la que están colocadas los asientos del aula me parece emocionalmente restrictiva. Dos: la iluminación del aula resulta muy agresiva. Tres, mi hija dice que parecías decepcionado con ella, tiene una sensibilidad muy desarrollada. Simplemente buscamos un entorno más acogedor: he puesto en copia al orientador, al subdirector y a mi hermana que está estudiando pedagogía”.
Habrán observado el carácter cuqui, ambiental y emocional que adoptan las posiciones de los padres preocupados, a los que el nivel educativo no parece ocuparles. Con correos de esta naturaleza es probable que entiendan la renuncia de los profesores a cumplir su papel: ellos y ellas parecen haberse contaminado de las pijadas de los papás y las mamás del cole. Ya pueden ustedes, si eso, poner verde al cronista en el chat de las mamás del cole. ¿Qué van a hacer dos meses sin utilizarlo? Imposible.
Les aconsejo, de paso, que resuelvan imperiosamente un problema acuciante. Estimadas mamás preocupadas: ¿Debería su marido permitir que sus hijos se salten la valla del vecino para recuperar la pelota? Un amplio debate recorre los patios de vecindad y urbanizaciones. Una madre preocupada debería temer que esto enseñe a sus hijos que está bien entrar, sin permiso, en propiedad ajena.
Como se sabe, sus maridos son unos antiguos, inconscientes de los efectos de gestos banales sobre la educación futura de sus vástagos. Ellos no ven ningún problema en que salten, como toda la vida de Dios, con la consiguiente amenaza: si vuelve a pasar no juegas en toda tu vida y cosas de ésas.
Las mamás lo tienen claro: si permitimos que sus hijos salten vallas para entrar en espacios que no les pertenecen, mañana se darán al hurto y al pillaje. Los papás son más pragmáticos: se acuerdan de cuando ellos jugaban en la calle. Las mamás, probablemente, nunca lo hicieron con pelotas, ellas hablaban.
No obstante, los papás saben lo que va a pasar: los niños verán sustituidas las pelotas de cuero por las de goma elástica que no son balones ni nada. Y los papás recibirán un libro titulado: La emotividad y el juego en el patio: como gestionarla. Los profesores están encantados.
Me iré a tomar el vinito a su salud. Ha dicho el tabernero que nos va a informar de las normas para este verano: la semana pasada no sabía si prohibir la entrada a las mascotas, a los niños o a las mamás. Tengan buen día.



