El lado correcto del chiringuito (7): cuántas páginas debe leer la chavalería

El Uno está de vacaciones, protegida la rada canaria convenientemente, ahí no llegan nadadores. Los jueces, también. No hay lawfare en agosto. Pero la felicidad no es completa: los prescriptores del progresismo global no descansan. Los mismos productores que nos trajeron los dos últimos descubrimientos woke (“las uñas naturales pueden ser propaganda neoliberal” o “la siesta es una insurrección”) han recuperado en alguna de esas redes azules y buenistas una regla para padres y abuelos educadores que nos salvará el futuro: beneficios juveniles de leer libros largos.

Esta vez no hizo falta “inspirarse” en el New York Times ni en el The Guardian. Un redactor, Ignacio Zafra, se hizo de eco de las consideraciones del informe PISA y de una investigación publicada en 2022: un informe de comportamiento de 3.690 gemelos finlandeses. No se cita la fuente del informe ya que, en sí mismo, cualquier gemelo finlandés es fuente de autoridad, naturalmente.

Por si esto fuera poco, el redactor encontró, imagino tras ardua investigación, a una valenciana -que no era de su familia-, que había descubierto, sorprendentemente, que su hija leía novelas románticas de 350 páginas ya que “le gustaban”. Cosa que la comprensiva madre acabó aceptando tras el análisis riguroso que la situación requería: algo preocupada, comprobó que tales novelas no conculcaban ningún mandamiento prescriptivo ni eran contrarias a principios feministas. Como ustedes comprenderán, sin esa comprobación, el diario del progresismo global no hubiera publicado el nombre de la madre.

Constatado, para tranquilidad de todos, que las niñas feministas pueden vivir el amor romántico, el resumen de la sesuda investigación es elemental: los alumnos que consumen libros de más de cien páginas llevan un curso académico por delante de ventaja en comprensión lectora. Datos sobre el cálculo aritmético no fueron presentados. Transcurrido el tiempo, no parece que ése sea el problema. Esta afirmación debe ser matizada. Depende de las familias (sorprendentemente, no de los profes, están muy ocupados y ocupadas) y tampoco considera el nivel socioeconómico de los hogares, primera causa de la desastrosa comprensión lectora de la muchachada española.

En fin, alertado por la necesidad imperiosa de dar ventaja a mis nietos empiezo una conversación con ellos. El pequeño (seis años) no se siente concernido, dice que hasta septiembre no es “mayor, mayor”; el mayor (once años) pone su cara de hombre reflexivo. No se exalten: tiene su mano en el mentón y el ojo izquierdo cerrado; mensaje: a ver cómo te la juego.

Efectivamente, de súbito, me llega su respuesta: “¿Quieres decir que puedo dejar El principito y pasarme a la enciclopedia del fútbol?”. No lo sabe, pero acaba de hacer la mejor crítica a los gemelos finlandeses y al redactor del artículo. Por otra parte, entro en pánico: mi biblioteca de verano ha quedado destrozada.

Las Aventuras de Pinocho, El Principito, Cuentos de Andersen, El secreto de Lena (Collodi, Saint-Exúpery, Andersen, Michael Ende no dan la talla para gemelos finlandeses y, en consecuencia, para niños españoles). Apesadumbrado por mi fracaso como educador los reenviaré a la maleta y me voy a buscar a un librero de guardia.

Se habla poco de la transcendencia de los libreros de guardia en verano. Protector de un negocio condenado a la desaparición, como el de los quioscos, siempre espera al paseante desnortado que requiere consuelo. Entro al local. Vacío, aún no es la hora del helado y el paseo. Me observa. Sé lo que hace: quiere saber qué caza el animal que le visita.

Parece alentarle que pase de largo del expositor de La Odisea. Por cierto, es sorprendente cómo doce mil hexámetros dan para tanta variedad de volúmenes, colores y paginados. Superada la primera prueba, me pregunta qué busco: algo de más de cien páginas para niños de doce años, respondo. Me mira con cara de está usted loco o es un pederasta. Me veo en la obligación de una explicación. Asiente, sonríe, me trae dos volúmenes: El Quijote y Guerra y Paz. No puedo hacerle eso a mi nieto, le digo.

Entonces decide darme una conferencia sobre el asunto, precedida de algún comentario poco publicable sobre los gemelos holandeses y el redactor woke. Me alivia su impresión, creía que era yo el único que consideraba la recomendación una estupidez.

Son los análisis innovadores, las audacias pedagógicas al margen del contexto social y tecnológico los que nos han conducido a la crisis de los modelos educativos. Los niños no necesitan leer más de cien páginas: necesitan leer. Llegará la última etapa de la ESO, el bachillerato, y llegarán las estructuras narrativas complejas, ésas que usted y yo leímos, a veces con placer y a veces con disgusto, y que ellos probablemente no conocerán.

Tengo que pensar en la biblioteca de mis nietos: la señora que conoce el redactor del diario del progresismo global no consideraría adecuado El Lazarillo de Tormes, La Celestina o los Episodios Nacionales, sería dura La Regenta y las tragedias de Shakespeare prohibidas (qué sería, sin las prescripciones de la cancelación, el mercado de las ediciones adaptadas).

Nadie lee El Quijote para tener un año académico extra. Leer no es una ventana productiva. Cuando se lee, da igual la extensión. Se aprenden estructuras gramaticales, también sensibilidad al ritmo del lenguaje y aumenta la capacidad de expresión del lector o lectora. No se inventó la “nouvelle” (la novela corta) para hacer incomprensible la lectura, sino para disfrutar.

La “pijoprescripción” no ayuda a los críos, les mete en una máquina de adocenar cerebros. No hace falta más de cien páginas para saber que en el verbo echar lo primero que se echa es la h. Sospecho que el ministro que gobierna como tuitea no ha leído muchas páginas ni pocas.

Mi consejo: enseñen a sus hijos y nietos a abrir un libro, no importa el número de páginas, sino convertir a cualquier ciudad en un susurro.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.