Un fantasma recorre España: el espectro de los corruptos delatores. Contra él, se han conjurado en santa jauría todas las potencias del socialismo realmente existente, el Uno, el Guardián del faro, los radicales podemizados del partido y de la izquierda de verdad, verdadera, así como los guardianes de los jueces. Ante ellos, el más afamado de los tiradores de manta de la patria ha lanzado su manifiesto: ¡Cantantes delatores del mundo: uníos!
La sentencia del caso Mascarillas (Ábalos, Koldo y Aldama) ha puesto de manifiesto un hecho: quien canta, tiene premio. El estado de derecho siempre ha buscado incentivos para la delación. Las otras alternativas existentes en el mercado eran peores. Los “narcochavistas” buscan el “autoahorcamiento” de sus traidores; los disidentes rusos se sumergen en líquidos radioactivos; la mafia destroza a las familias de sus arrepentidos y así sucesivamente.
El señor Aldama es un delincuente corrupto, confeso y convicto. Condenado y con antecedentes, que si no entra en prisión es por tres razones: encontró un buen abogado, se desvinculó de cualquier estrategia y confianza de partido y tuvo un acierto: encontrar el momento procesal para colaborar. Ábalos no era feminista, vive Dios, pero, por socialista, confió en los cantos de sirena de Ferraz.
La sentencia del caso de hoy ratifica que la UCO ha metido un gol por la escuadra, con asistencia de Aldama. La “inventada” ha sido todo un éxito político. Que la sentencia no tenga aparentes resquicios, por dura que pueda parecer, se debe, simple y llanamente, a que Aldama le cantó a la Fiscalía Anticorrupción y, probablemente, seguirá haciéndolo.
El ministro Puente que, como ya he dicho aquí, ha pasado de situarse fuera de la ética y la estética a ubicarse fuera de la civilización, no ha opinado contra la sentencia de quien fuera su predecesor, sino que se ha postulado contra los que ofrecen incentivos a la delación. Lo dice él, que pertenece a un gobierno que ha indultado a un cantante de la Gürtel, indultado a delincuentes y amnistiado a todos ellos, por si acaso.
Yo soy partidario del incentivo a los “arrepentidos” (en la tierra, a los arrepentidos se le reduce la penitencia, no se le perdonan los pecados). Es la única forma de descubrir el alcance de las tramas que alcanzan a nuestra democracia. Por cierto, el código penal también opina lo mismo (Zapatero lo hizo, en compañía de otros).
Que el gobierno dispare contra los jueces el día que uno de sus exministros ha sido condenado, sin explicación alguna de quienes conocían sus andanzas y siguen en el machito, revela bien la importancia que tiene para muchos de ellos el silencio. Todo argumentario y todo instrumento es válido.
El juez Peinado erró de bulto en sus cautelares. Es innecesario, a más de probablemente injusto, su referencia a la policía en una potencial huida de la Señora. Imagino que los magistrados de la Audiencia corregirán el desatino. Por cierto, todo el mundo se queja por el pasaporte, pero nadie ha dicho nada de los contenidos de la instrucción, en términos generales, avalados quince veces por la Audiencia.
El error argumental, ignoro si jurídico, del Juez, exagerado si se tiene en cuenta la doctrina aplicada a Zapatero del arraigo, la familia y la escolta, ha tenido como efecto la “victimización” socialista. La sentencia de las mascarillas cambiará el paso, imagino, el griterío de mañana no será la petición de sanción a Peinado sino la prisión para Aldama.
El ministro del Interior, siempre atento a defender a la policía, de hecho, es la primera vez que lo hace, reclamó sanción. De urgencia y en domingo se reunió el gobierno de los jueces, sin acuerdo ayer, hoy tampoco, la señora Perelló ha cumplido ante quien la puso y ha ejercido su voto de calidad para abrir un procedimiento. Un clavo más sobre ese ataúd que llamamos Consejo General del Poder Judicial, herido de muerte hace tiempo.
No creo que el expediente concluya nada. En el peor de los casos, el juez se jubilará y el Consejo se quedará con su sanción. Pero el daño es manifiesto: utilizar la disciplina sobre los jueces, no los recursos, para amedrentarlos y modificar los contenidos de una sentencia, es un evidente riesgo democrático.
Ni el Constitucional es un tribunal ni tampoco lo es el Consejo General del Poder Judicial. Promover la confusión, a grito de “lawfare”, es simplemente vulnerar la división de poderes. ¿Qué será lo siguiente, que Bolaños nombre al Supremo y a las Audiencias? No lo descarten.
Tenemos un serio problema, la vida paralela de este gobierno que, mientras lanzaba gritos contra los jueces, se reunía para anunciar el éxito de una digitalización (fondos europeos devueltos, contratos de fondos europeos bajo sospecha, fracaso en materia de baterías o crisis del hidrógeno verde…). Pedro Sánchez, en su mundo paralelo, ha afirmado que tras el verano todo irá bien.
Pues nada. Ésta es la primera sentencia sobre su equipo, nos queda el otro proceso de su equipo (Cerdán) y el otro proceso de su equipo (Cloacas) y lo de los hidrocarburos y así hasta once causas, más o menos. Y nos queda el procedimiento al Guardián del Faro (Zapatero) cuya estrategia de defensa ya ha destrozado a sus hijas, tiene a medio mundo buscando certificados de joyas que no existen (es mejor pedir, que robar) y espera que sus testaferros guarden silencio.
Él y ellos saben que el partido ya no es fiable. Ésa ha sido la fuerza de Aldama: contárnoslo casi todo. Seguro que algo falta. No olviden que Ábalos está en otras, llega tarde para lo suyo, para lo de otros, vaya usted a saber. ¡Cantantes delatores del mundo: uníos! Al fin y al cabo, la UCO lo acabará sabiendo.



