El cuento de Trump el Trampas y Pedro el Terrible

Una vez que el emperador ganó 1-4 a Bélgica, nadie se atrevió a decirle que jugaban en casa y habían sido estrepitosamente derrotados, se fue a Turquía henchido de satisfacción e ira contra los aliados. Por el contrario, los europeos, que entienden de futbol, están tan contentos que han prometido no hacer chistes sobre los belgas, al menos durante un par de semanas. La última vez que tanta gente se animó por una resistencia belga fue en 1914, cuando los alemanes acababan de cruzar el Mosa.

La alegría de los europeos, sobre este asunto, es ilimitada y, cuando disminuya, espera que los culpables de las trapacerías deportivas, Trump no es nuestro aliado, rindan cuentas por hacer trampa y facilitar el delito. Infantino se juega la reelección; Pedro estará disponible, si no encuentra otra cosa, parece que ha comentado. Él sabe mucho de futbol, organizó el blanqueo de Negreira con el PSC, parece. Infantino parece imbatible, en este momento, gracias a su manejo de las asociaciones miembros fuera de Europa -a ver si entienden los favores “argentinos”- mediante financiación. Eventualmente, esto cambiará: en la FIFA, siempre hay alguien más ambicioso esperando su oportunidad para corromperse. Tal vez no ocurra, pero aun así disfrutemos del inenarrable momento de humillar a Trump.

Trump llego a Ankara echando de menos a Infantino, eso es un amigo, haciéndose fotos en la Cumbre de Paz de Gaza o inaugurando el premio de la Paz de la FIFA, concedido a Trump apenas un par de meses antes de que el presidente decidiera vivir de acuerdo con sus valores y declarar la guerra a Irán.

Trump llegó a Ankara, como si se reuniera con Infantino: volvió a bombardear Irán, pidió Groenlandia, humilló a los europeos y despreció a la “terrible” España. Pedro “el terrible”, en realidad, estuvo algo cobardón, nada que decir hasta la rueda de prensa, le siguió la corriente y habló de nuestra gran alianza, a ver si nadie le preguntaba si lo del 5% de gasto militar está incluido en lo de las tramas.

Trump tiende a despreciar a los europeos, en realidad le molesta que no le permiten hacer lo que hace en otras partes: primero, hace negocios, luego negocia. Los daneses le desprecian, la italiana ya no le habla, aunque sea maja, los demás pasan de él, aunque han aprovechado para mejorar su gasto en defensa, cosa que molesta a Rusia. Hasta los ucranianos han sacado el derecho a fabricar misiles. Europa no ha sufrido en este partido. 4 a 1, es un buen resultado.

Donald y Pedro bailan el mismo baile. Se necesitan y alimentan. Preguntado sobre la falta de apoyo de España, Francia y el Reino Unido al conflicto con Irán, Trump dijo: “España se ha portado muy mal, no nos ayudaron, pero no necesitábamos ayuda”. Horas antes había dicho, de modo teatral que no ha repetido, que no habría relaciones comerciales.

La Secretaría de Estado de Comercio española certifica que algo ha cambiado en las inversiones norteamericanas, asunto más relevante que el comercio. Tras el inicio de la guerra de Irán y el conflicto diplomático, las desinversiones de EEUU en España se multiplicaron por seis: desaparecieron del stock de capital más de tres mil millones de euros.

Está llegando menos inversión de la que se va: contemos con el antiamericanismo oficial. El cabreo de Trump con el “socio terrible” se nota, aunque esto no le importa mucho al Gobierno, a quien más castiga es al “hub” tecnológico de Málaga y alguna cosa en Madrid. Cosas del PP.

Pero, para qué engañarse, no todo es Trump: el suministro energético y el acceso a la red constituyen un punto de debilidad que otros países europeos, singularmente Francia, no sufren. Otro factor, sin duda, es que los mercados tradicionales que ofrece España han dejado de ser atractivos: sectores tecnológicos, de información e inmobiliario no ofrecen garantías de rendimiento ni jurídicas a los inversores.

Sí lo hacen otros mercados: las actividades deportivas, recreativas y de entretenimiento constituyen el primer segmento inversor americano en este momento y, naturalmente, no dejan nada de valor añadido. Igual que con los negocios chinos: se nos da una higa.

En materia comercial, Trump, para sonrisa maléfica del Joker, se perjudica a sí mismo. El comercio con USA apenas es el 5% del total. Pedro, para tenerlo contento, pero que no se note, hace gasto militar en Estados Unidos, mientras es excluido de todas las alianzas militares europeas o internacionales en marcha.

España registra un déficit frente a EEUU que supera los 13.400 millones de euros. Los americanos perderían más de 30 mil millones si se ponen chulitos (España puede sustituir el petróleo y el gas -de hecho, sin la tontuna del Sahara ya lo habría hecho- y los bienes de equipo). Sufrirán algo nuestras ventas agroalimentarias (especialmente el aceite de oliva).

Económica y jurídicamente, un bloqueo total inmediato resulta difícil, no vale con una llamada tipo Infantino. España pertenece al mercado único y la política comercial exterior se gestiona de forma unificada desde Bruselas, por lo que cualquier sanción comercial o arancelaria de EEUU afectaría formalmente a todo el bloque de la UE.

Cuando sepamos la letra pequeña de la cumbre igual nos deberemos preocupar. No les quepa duda de que Pedro el Terrible, además de pelotear al “trampas”, va a aumentar, como viene haciendo, el gasto militar.

Una cumbre muy previsible, con un único momento conmovedor: la ausencia de Begoña. El juez se hizo “sanchista”: “OTAN, no; escuela privada, sí”. Y ella no pudo ir: me declaro conmovido por la irremisible tristeza de la soledad del ramo de flores turco.

El Trampas y el Terrible han quedado en paz, han dicho la suya: se necesitan.

 

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