Ceuta y el realismo de El País. Carta a Ben Jelloun

Estimado Ben Jelloun: disculpe que le moleste en su descanso parisino. No tengo el placer de conocerle en persona, si me permito “estimarle” es porque respeto mucho a quien escribe un libro. Usted, imagino, habrá leído a Cervantes: “La pluma es la lengua del alma”.

Le interrumpo para expresarle mi sorpresa por el escrito hoy publicado en el diario del progresismo global que me envía un amigo. En nombre de la “realpolitik” sostiene usted que los ceutíes y los españoles deberíamos rendir la plaza de Ceuta, también la de Melilla. Si entiendo su propuesta, y su literatura, usted nos convoca a que los ceutíes adopten la negación marroquí de derechos que usted mismo denunció. Paradójico. Lo real es que a los ceutíes le han robado la ciudad y mientras no se la devuelvan hay poco que hablar.

Hace tiempo que no leo ese periódico en el que usted ha publicado. Empezaron destrozando sus cuentas, siguieron despidiendo a algún amigo y, luego, cuando ya era tarde, a todos los columnistas que me hicieron crecer. El generoso amigo que me envía sus letras añade a su artículo una pregunta que me concierne: ¿Tú lo entiendes?

No; estimado Ben Jelloun: no lo entiendo. De hecho, debo manifestar mi decepción, no solo por sus opiniones que imagino libres, aunque sorprende el súbito cambio de opinión en algunos extremos, sino por algunas salvajes inexactitudes que ni usted ni su pluma merecen.

Solo hay una explicación, le digo a mi amigo: lleva demasiado tiempo en Francia, de consejero de lo inexistente, contagiándose de los presuntuosos intelectuales franceses y su izquierda, de su manía de arreglar el mundo, mientras el suyo se derrumba, necesitados para sobrevivir de abrazar una fe que nunca tuvieron.

Sorprende que el joven encarcelado, el que estudió en institutos de El Rif (de Tánger a Tetuán, en zona bereber, marginada e insumisa, abandonada por el rey de turno), el que se manifestó jugándose la vida, el que abandonó su país porque la enseñanza de filosofía iba a arabizarse, el que volvió y no aguantó porque “en Marruecos hay dos cosas que no soporto y son la falta de seriedad y la corrupción”, ese hombre, hoy, compre el discurso de la monarquía alauita o el gobierno español, no muy separables en este caso, y sorprende, más, que confunda usted a Marruecos con un estado democrático, sujeto de no se sabe qué derechos, que crea usted que Mohamed mejora a Hassan.

Soy de izquierdas, pero no de los que veranean en Tánger; por cierto, quizá no se lo han contado, en sede pública. O hacen negocios allí con nuestro dinero y sus tomates y desaladoras. Me pareció percibir una rigurosa crítica cultural en El niño de arena o La noche sagrada (*), las leí en francés – mi padre era muy estricto en esto -“para eso te han enseñado, decía- y, efectivamente, son novelas muy francesas en todos los sentidos (de Camus a Foucault, vale, aquí he estado perverso), entiendo lo del permio Goncourt.

Pero, en realidad, me ganó usted con Sufrían por la luz, escasamente poética traducción de Rba libros de su novela (Cette aveuglante absence de lumière) sobre esa terrible colonia penal marroquí, donde es imposible mantenerse de pie, soportar las humillaciones diarias o el deterioro del individuo, propio de un país de derechos como Marruecos, permítame la ironía.

Por eso resulta sorprendente la manipulación e inexactitudes que usted incluye en su artículo. Mire, no; la cosa del Sahara no pertenece a la derecha; es patrimonio de la izquierda y no: no era marroquí. De hecho, Naciones Unidas, a pesar del progresismo realmente existente y a las presiones de Trump, sigue pensándolo.

No, tampoco es cosa de Isabel I. Por cierto, en esa época Ceuta era española, lo era desde los visigodos -antes de las invasiones de bereberes y omeyas, marroquíes no había-, a la monarquía alauita que da origen a Marruecos le faltarían un par de siglos. Usted escribe bien; sea preciso, quienes asaltaron nuestra frontera, en todo caso, no “inmigraron”, emigraron de Marruecos (por cierto, en el progresismo realmente existente esas palabras han sido borradas) y lo hicieron porque ese país de económico ensueño que usted señala no existe: los eventos, el fútbol, el tomate y la agricultura, los pesqueros mixtos, las inversiones extranjeras, los puertos recientes… todo eso, lo paga España y lo paga Europa, porque como usted dice son cosas de pareja. Dineros que van, usted lo sabe, a las arcas del sátrapa y no a los bolsillos de sus conciudadanos abandonados.

Usted reconoció, hace unos días, en el mismo periódico desde el que hoy nos convoca a la “realpolitik” que “no entiendo por qué se dejó pasar a decenas de miles de jóvenes hacia Ceuta. Tenemos la policía más potente del Magreb” (El País. 9 de agosto de 2026). Una opinión de extrema-derecha, si he entendido bien su artículo.

Tengo ya una edad, menos que la suya, no se me venga arriba, y lo entiendo casi todo. Por ejemplo, que usted esté sindicado a periódicos que le publican lo que, en cada momento, corresponde a sus intereses editoriales. Entiendo también que hay poco ya que hacer en Francia y quién está de huida, lamentablemente, y que el pensamiento de izquierda tiene alguna responsabilidad en lo que pasa en su país de residencia. Disculpe, yo bastante tengo con los míos.

Lo de El País es solo un mal chiste. La línea editorial sobre este asunto del periódico es, expresada en editorial (17.09.2026), una beatífica recomendación para “no ir más allá de una interpretación maniquea y partidista” de la situación. Esto se completa hoy con su interpretación absolutamente maniquea, partidista, gubernativa, hispanomarroquí, oficial e inexacta de la situación. Es muy del actual grupo PRISA poner un cirio en cada altar.

Mire, hay algo que tiene que ver con su consejo, con la “realidad estructural” de Sánchez y con las presiones de Marruecos para hacer insostenible la vida en Ceuta. La “realpolitik” es “trumpista”, es imperialista, es colaboracionista y es capitulación. Los europeos y sus conciudadanos franceses, de forma muy especial, saben de qué hablo. Hay otro problema estimado y utilizaré las palabras que cierran su entrada en la Wikipedia: “Debemos dejar de hacernos las víctimas de los países de Occidente y dejar de comportarnos de forma hostil hacia ellos”, a confesión de parte no es necesaria la prueba. Recurrir al asunto del racismo, como usted hace de soslayo, es una indigna parte de esa trampa. Espero que al recibo de la presente se encuentre bien y escriba aún muchas palabras: yo solo estoy enfadado con usted, pero seguiré recordando sus libros. Mi “religión” me prohíbe la cancelación, la suya supongo que también o quizá ya sí.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.