Un camino de “rochos” y muerte. Éste es el epítome de la representación del poder democrático que se ejerce en España. Acto I: “¡Mal rayo me parta, si en concluyendo esta carta, no pagan caros sus gritos!”; conclusión: nacen las cloacas del PSOE (abril de 2024)… Acto IV: “¡De mis pasos en la tierra responda el cielo y no yo!” Conclusión: no fue Luis Mejía, fueron 46 en Adamuz y 69 en Urda, por ahora (enero y octubre de 2026). Ha habido, entre medias, alguna escena del sofá, pero de calidad tan penosa que sería un insulto a Zorrilla citarla.
Quizá si es usted de los que sigue la tradición de asistir a una representación del Tenorio el 1 de noviembre me entienda. La representación del poder, desde la infausta reflexión, nos ha traído no solo los muertos en el ferrocarril, también corrupción, deterioro inaudito del estado del bienestar, agudización de las crisis de asequibilidad de las clases medias, degradación institucional y pérdida de seguridad material y nacional (Ceuta). Un completo.
Nada ha pasado. Y si ha habido convocatoria electoral ha sido por un intento de manipulación de una crisis de vivienda que ha durado dos días. Tras añadir a la lista 69 muertos, nada quieren que pase. Los que hemos pasado por una facultad de economía alguna vez damos mucha importancia a los incentivos: el ejercicio de la responsabilidad política no es un castigo, es una prevención ante potenciales errores dramáticos. Si nada pasa, la venalidad prosperará.
El ministro de los trenes se mantiene porque le parece útil al Uno como parapeto, mientras pueda. Al Uno le venía bien un tipo que iba de insulto en insulto hasta la victoria final y porque gobernaba como tuiteaba: a golpe de ego y desprecio, disfrazado de superioridad moral. O sea, alineado absolutamente con el modelo de gobierno. Por eso es normal que se envíe a Dios la responsabilidad, como hacía el Tenorio. Quizá convenga advertirles que en Adamuz sufrimos sorpresa, asombro y dolor. Ahora, padecemos de dolor y supino cabreo.
Naturalmente, los habituales integrantes del coro han salido en defensa de tan gloriosa posición. Recuerden que esto empezó cuando Adamuz, con una señora gritando que las ruedas de los trenes eran cuadradas. Ahora no han mejorado mucho. El tal Cintora, de a un fascal la hora, abre una reflexión sobre la liberalización (falso debate), un friki dice que en el comunismo esto no pasa (quizá prefiera sepultar los restos de material y seres humanos del choque de dos trenes bala con excavadoras como en Wenzhou –China- o como en Trebbing -URSS- someterlo a secreto militar).
Otra, cuyo nombre mitad no me acuerdo y mitad no me importa, dice que esto se arregla con una única empresa pública (Adif es la única empresa de infraestructuras, pública); Intxaurrondo anuncia que el partido socialista -PS- ha encontrado un culpable: el obrero español -OE-. Para vergüenza de los que seguimos pensando en izquierda o nos molesta que nos tomen por tontos indocumentados.
Pero si pasamos del nivel payaso a la banda de los 61, los periodistas sincronizados tratando de rentabilizar sus últimas subvenciones, encontraremos el más falso y dramático argumentario: no solo no hay responsabilidad, no solo el tren es seguro, la inversión ha sido alta, dicen. Y empieza el terreno de trampas y mentiras, aprovechando la dificultad de comprensión de los números de los oyentes.
Unas líneas para desenmascarar tanta venalidad e infamia profesional. Los datos que aquí siguen pueden encontrarlos en estudios del BBVA, de la Universidad de las Hespérides, Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, Instituto para la economía eficiente (IPEF,) Intervención General de la Administración del Estado (IGAE). Podrán encontrar otros muchos, que coincidirán con estos números, siempre y cuando ustedes huyan de las trampas: utilizar cifras sin considerar la inflación, no distinguir entre inversión y mantenimiento y ocultar que le hemos hecho trampas a la Unión Europea.
El balance es una red envejecida, incapaz de reponer su propio desgaste de capital ferroviario (el stock neto está por debajo de 2015), se dedica a mantenimiento los niveles más bajos de Europa (en AV, 16%, la mitad de Francia). con sistemas que debieran estar ya sustituidos y una red más infrautilizada de lo que parece (cada kilómetro de Alta Velocidad mueve 3,8 millones de viajeros frente a 21,6 en Francia, 23,7 en Italia, 29,5 en Japón).
En el periodo 2011-2025 el gasto real (sin inflación) por kilómetro descendió un 13%, en vehículo por kilómetro un 34%, en viajero por kilómetro un 53%. Se ha ocultado a la Unión Europea la incapacidad de asignar fondos para el ferrocarril. Un sistema nuevo de seguridad fue licitado en 2021 y con el plazo concluido no se ha iniciado. Se ha aprovechado la ausencia de presupuestos para desviar dinero o financiar un tren en Marruecos.
El accidente griego (Tempa, 2023, 57 muertos, error de jefe de estación) no solo nos trajo la responsabilidad política de Kostas Karamanlis (ministro dimitido), sino la cara B: investigación europea sobre los recursos de la Unión invertidos en ferrocarril. Si alguien quiere entender los prolijos intentos del ministro de los trenes para salvar a los sistemas y las operaciones “en marcha” que entienda: hay que salvarse de la investigación.
Hay dos corolarios a los datos económicos que la opinión de los sincronizados nos oculta. En primer lugar, la ausencia de presupuestos ha permitido al Gobierno su práctica favorita: desplazar recursos a alimentar el gasto corriente, favorecedor del rendimiento político a corto plazo, como corresponde a un estado asistencialista.
El segundo, la relevancia de la ocupación institucional por personal inadecuado, pero de confianza política, de instituciones fundamentalmente técnicas. ADIF o INECO han sido colonizadas hasta la inmundicia de colocar señoras que trabajaban leyendo libros de trenes, mientras esperaban ser requeridas por los socialistas feministas. Nadie ha dimitido o sido cesado en ADIF.
Hay una razón para el abundante silencio del progresismo realmente existente o el comportamiento de los medios de acompañamiento: demasiadas cosas para que la responsabilidad no escale más allá del ministro de los trenes.
Ha llegado el 1 de noviembre, quizá usted siga la tradición iniciada en el siglo XIX: la representación de Don Juan Tenorio: “Clamé al cielo y no me oyó; más si sus puertas me cierra, de mis pasos en la Tierra responda el cielo y no yo”. Sepan ustedes que la tradición de representar este tipo de obras es anterior. Por ejemplo, se representaba mucho una que se titulaba No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague (Antonio de Zamora, 1630). Pues eso, cuéntenselo al ministro de los trenes y al Uno si los ven por ahí: pagarán, más temprano que tarde.



