Me hago buitre u oligarca, ardua cuestión

Las dudas asaltan al cronista. Ya en junio de 2009, hace 17 años, les hacía una pregunta en este blog: ¿Me hago Pirata o Verdadero Finlandés? Ante el éxito de las derechas (ahora parecerían rojos irredentos), uno buscaba acomodo político fuera de España.

Entonces todavía teníamos idealmente una tentación socialdemócrata, pero te acercabas y ya daba más miedo. Ya me dirán, se apuntaba uno a la finiquitada francesa, al laborismo de la penúltima vía; a la italiana que presidía un demócrata cristiano. Chungo. El panorama no andaba muy allá: era imposible ser ecologista griego o cabreado español de los de Rosa Díez. Sólo me quedaban dos opciones originales: o me hacía Pirata o Verdadero Finlandés.

La tentación de ser “verdadero finlandés” era notable. Admiro a quién se considera verdadero: dios verdadero, profeta verdadero, catalán verdadero, socialista verdadero, de izquierda verdadera, por un poner, o verdadero finlandés, cosa que exige, además, que haya falsos finlandeses como hay falsos dioses, profetas, catalanes o izquierda. Nada como marcar identidad para que te tengan envidia. La cosa no prosperó y, durante un par de meses, me hice del Partido Pirata que no era de Vallecas, sino de Suecia. Solo les iban las cosas raritas de internet, y me aburrieron.

Tuve que volver a la cosa patria cuando escuché a Tomás Gómez decir muy serio que, “con este resultado europeo, Esperanza Aguirre será derrotada”. Éste, me dije, o sabe algo que los demás ignoramos o me ha visto cara de tonto. Efectivamente, no sabía que Tomás había echado mal las cuentas y, sobre todo, que Tomás ignoraba que la izquierda no quiere ganar Madrid. Por eso ponemos los candidatos que ponemos. Y le llenamos las calles a Ayuso de acampadas, violencia verbal y ruido, y de paso molestamos a comerciantes, andantes y gente de igual vivir. Nada para que te voten como robar ciudades, y si no me creen le preguntan al votante ceutí.

A ustedes puede parecerles ésta una reflexión poco sesuda, pero tiene trascendencia, especialmente si se considera usted persona de izquierdas y tiene decidido no votar a Sánchez que ha decidido ignorarle a usted para cortejar a la extrema izquierda. Cortejo que le permite legitimar las trampas en el sistema. Acompañado por un tipo de Valencia, que sí debe ser del Partido Pirata, quiere “hackear el sistema”, o sea violentar las reglas y el decoro, presionar las costuras de nuestra democracia. Sánchez pretende compensar la pérdida de los “boomer” cabreados rescatando abstencionismo, no ya el propio, sino el radical de los de la amplia frente, empeñados en buscar el candidato que nos resulte más antipático.

Hay dos paradojas de las que se pueden deducir cosas. Nunca la izquierda gobernó contra una mayoría sociológica de derechas. Los votantes del PP, VOX, Junts, PNV y formaciones regionales conservadoras son más, al menos ahora, que los de la izquierda. Por otro lado, nunca la distancia entre voto de derecha e izquierdas en España ha sido del 16% como están diciendo las encuestas. De ambas cosas puede concluirse que, efectivamente, la izquierda mejorará sus datos; hay mucho abstencionista y “progreboomer” en marcha, pero probablemente no lo suficiente para alterar la existente base sociológica que se ha ido acumulando.

La llamada por los creadores de neolengua “ventana de oportunidad” consiste en que Sánchez haga lo que ha hecho en cuatro años: ser el mejor portavoz de la extrema izquierda e “histerizar” a los dos lados del muro, especialmente al suyo, buscando el desplazamiento de su culpa y responsabilidad. Tenemos, pues, campaña callejera y presentación de enemigos que solo existen en el imaginario de los populistas radicales. Y tenemos potenciales trampas.

Que si la Diputación Permanente, que si el “hackeo del sistema”, que si los nietos. Miren, tranquilidad. Ha llegado el tiempo de la Junta Electoral, los tribunales y los partidos. Si yo estuviera en la cosa ya tendría tres escritos metidos en la Junta Electoral y el borrador de un cuarto, para la mañana siguiente de la convocatoria en el BOE, pedir interventores en Correos y en los consulados. Hay que manejar con cuidado el asunto de las garantías del sistema. Las dudas hay que trabajárselas.

Más importante que esto es el maniobrerismo callejero y el uso de la agenda política. Éstas son, en realidad, las dos grandes trampas. Sánchez está interesado en una agenda de extrema izquierda (con los voceros de TVE a piñón fijo). Todos estamos de acuerdo en parar desahucios y en que la vivienda es un problemón al que el gobierno no ha puesto política ni respuestas. La agenda de Sánchez es castigar la oferta (son buitres) y desatar una nueva guerra cultural (oligarcas), tras haber perdido la guerra “woke”. Quizá, su gran error es que los españoles tengamos otra agenda: restitución institucional, calidad democrática, reorientación económica (servicios públicos ya decadentes y gasto público desaforado), corrupción, Ceuta.

La guerra de las palabras no nos conduce a otra parte que a las risas. Seguramente, usted estará de acuerdo con el cronista en que con tanta concurrencia lo de ser simplemente de la “fachosfera” ha pasado a ser algo vulgar. Nada comparado con ser un buitre o un oligarca, eso sí es finísimo de la muerte y, además, prometedor.

Si se convierte usted en buitre igual le dan un fascal por gestionar las viviendas de la Sareb, cosa que acaba de hacer Sánchez, o poner pasta en renovables o comprar deuda pública -los tres son buitres fetén, fetén de los que gustan a Pedro-. Los que no le gustan son los buitres como usted, él convoca al odio al 90% de los propietarios españoles y a los restos de la clase media. Convertir un dato del mercado en odio es propio del populismo de extrema izquierda, un buitreo intelectual.

Lo de ser oligarca es más sospechoso y nos coge mayores, al cronista al menos, y con escaso capital inicial a todos ustedes, a mí ni inicial ni final. Todo oligarca es facha. Porque hasta que llegaron a molestar los propósitos de Pedro Sánchez, en el capitalismo nunca hubo oligarcas, nunca estos se aliaron con el poder político, y nunca, pero nunca, nunca, ni Flick ni Flock, ni Soros ni nadie han intervenido en política ni han sido cómplices del socialismo realmente existente.

No voy a votar a Sánchez. De aquí a noviembre no sé si habrá alguna izquierda a la que votar, pero estoy en un sinvivir, tengo que decidir si soy buitre u oligarca. Si no soy insultado, no soy nadie. Una vez nominada mi función histórica, se me dará una higa como me llame el sátrapa de La Mareta. Yo ya se lo escribí aquí: corrupción, Ceuta, elecciones. No votaré a Sánchez (si encuentran alguna izquierda que no de risa, me avisan).

https://peregrinomundo1.webnode.es/l/me-hago-buitre-u-oligarca-ardua-cuestion/

 

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