Carmena quiere recrear con su ‘policía política’ en Madrid las ‘checas’ de la guerra civil

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Imagen del Madrid de 1938, cuando la policía política y las ‘checas’ funcionaban a tope en la capital española; cuando el estalinista italiano Palmiro Togliatti elogiaba la figura de los comisarios políticos, algo similar a lo que ahora pretende imponer Carmena en Madrid.

Los estalinistas de Podemos lo han exigido y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha iniciado el camino para volver a recrear una especie de ‘checas’, de tan infausto recuerdo en la capital española. La “Policía Comunitaria” de Carmena, además de ser un auténtico disparate, es la primera fase para introducir en los barrios madrileños a los ‘comisarios políticos’ al estilo estalinista que tanto daño hicieron a la izquierda española durante la Guerra Civil –socialistas y republicanos fueron sus principales víctimas- y que tuvieron su origen en el Moscú leninista. La propuesta no sólo puede ser ilegal, sino tan disparatada que parece el producto de una mente enfermiza.

La “Policía Comunitaria” que el concejal de Concejal de Salud, Seguridad y Emergencias de Madrid, Javier Barbero, un psicólogo venido a más, ha impuesto a Carmena para controlar, podemíticamente hablando, a los distintos barrios de la capital supone crear una estructura paralela de dudosa legalidad como alternativa a la ya dispuesta por la Administración del Estado.

Mientras el PSOE guarda silencio sobre la última ocurrencia de la yaya, toda la oposición la califica de una propuesta disparatada; un modelo que recuerda a los soviets de la antigua Unión Soviética, o más concretamente a los ‘comisarios políticos’ nombrados por Fidel Castro que controlan los barrios de las ciudades de Cuba. Incluso, parece que al tal Javier Barbero, el concejal más odiado del Ayuntamiento de Madrid por casi todos los profesionales que allí trabajan, especialmente policías y sanitarios, se habría apoyado para este disparate en asesores cubanos pagados a precio de oro por el consistorio.

Además, la propuesta es de todo punto innecesaria, porque lo que intenta resolver ya lo resuelven los agentes de policía –nacional o municipal, o ambos a la vez- y los tribunales de justicia, que para eso están. Baste decir que la nueva ‘Policía’ de Carmena –es decir, sus comisarios políticos, los cuales, al parecer, ya están listados y esperando para ser nombrados a dedo- estaría formada por vecinos podemitas de cada barrio sin ningún tipo de preparación reconocida. Pero controlarían a los vecinos, lo sabrían todo de ellos y se podrían hacer listados peligrosísimos para la vida en democracia. Algo peor que lo que ocurría en España durante el franquismo.

Este proyecto que Barbero le ha colado a la yaya Carmena aprovechándose de su edad tiene un sentido estrictamente ideológico y práctico y manifiesta un total desprecio hacia la Policía, ya sea la nacional, dependiente del Ministerio del Interior, o la municipal, dependiente del propio Ayuntamiento, así como de los distintos cuerpos de Seguridad de Estado, que son los legítimos y únicos responsables de esas labores. Unas competencias que trata ahora de suplir el ‘comandante Barbero’, el concejal que parece querer erigirse en el comandante en jefe de los comisarios políticos del podemismo.

Además, la disparatada propuesta del dúo Carmena-Barbero ni siquiera obedece a una demanda popular: los vecinos, al menos en Lavapiés, donde se quiere implantar en primer lugar, no han respondido precisamente con entusiasmo al llamamiento para incorporarse como “gestor de barrio político-policial” o “jurado vecinal”. En todo caso, aunque un vecino ‘normal’ se presentaran daría igual: hay que ser podemita de raza para ocupar el cargo de responsable de lo que podría llamarse la nueva ‘checa’… y, desde luego, para poder percibir los honorarios, que se supone que serán elevados, como corresponde a un comisario político.

 

* [Una checa o cheka era una instalación que durante la guerra civil española utilizaban los milicianos del bando republicano -especialmente los partidos y sindicatos de izquierda- para detener, interrogar, torturar, juzgar de forma sumarísima y ejecutar a sospechosos de simpatizar con el bando contrario. Por lo general, eran conocidas por la calle donde se encontraban, o bien por el nombre de quien las dirigía. Aparte de las que dependían de organismos del Estado -como la conocida como Checa de Bellas Artes, más tarde de Fomento, dependiente del Comité Provincial de Investigación Pública-, varios partidos políticos, ateneos, comités, sindicatos u organizaciones vinculados al Frente Popular o a la CNT disponían de una].

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