Ceuta, el mando a distancia y el Titanic

Si he entendido bien, el origen de la situación en Ceuta fue una coalición intergaláctica, dirigida desde la Estrella de la Muerte, en la que participaron unos hombrecillos grises que viajaban en los satélites de Musk y espías rusos que se movieron gracias a una “gran viralidad” (“Albares apunta a megainfluelncers ultraconservadores, como Elon Musk, o redes de desinformación rusa como responsables de un ataque a la unidad de los españoles”. Europa Press. 28 agosto 2026. 12.32h).

Visto que no valía lo de las mafias, como era de esperar, los miembros del Gobierno han empezado a elaborar teorías creativas que salven a Pedro Sánchez. Albares, que ya le hizo a Marruecos el favor de cooperar activamente en el cese de la anterior ministra de Exteriores, González Laya, ha vuelto a intentar salvar a los marroquíes, según doctrina oficial, aduciendo que los 80 mil invasores, fueron alentados por los fachas del Supremo, los “megainfluencers” y los rusos y no por la apertura de fronteras marroquíes. La ignominia nivel Dios.

Cuarenta y ocho horas después de la invasión, como se sabe, Óscar Puente dio la crisis por resuelta. Lo que pretendía el Gobierno, obviamente, es que la situación se pudriera en un remedo de La bonanza de las Antillas, en que los ceutíes y los invasores se intercambiaban golpes, mientras los españoles trabajábamos buceando y pasando el verano. Pero Óscar Puente es, como ya sabíamos, un ignorante insuperable (Bolaños: “Quien diga que esta situación se resuelve en un santiamén no tiene ni idea de lo que habla y demuestra una ignorancia insuperable”. El País. 27 de agosto. 2026).

Bolaños ha sido, ayer y durante agosto, el encargado de convertir la bonanza antillana en el Titanic. La primera damnificada ha sido Margarita Robles, mientras el resto de la orquesta sigue tocando, tratando de salvar sus responsabilidades varias y el barco del Gobierno se dirige inexorablemente al naufragio y con él la izquierda. El titular del legado de Sánchez quedará resumido en tres palabras: Ceuta, Marruecos, Sahara.

En realidad, tenemos cierta tendencia a analizar la profundidad de la crisis de Gobierno como si hubiera Gobierno, como si pudiéramos esperar algún gesto de dignidad por parte de los críticos o de los responsables del desastre de gestión. La incapacidad de defender nuestra soberanía es una incapacidad gubernativa y no hay más. El Gobierno persiste en controlar el relato, pero tiene dos problemas: nadie nos creemos a ministro alguno y el único que podría convencer, solo a los suyos, produce una notable ira en la mayoría social. No deberíamos caer en la trampa de llevar el debate a donde no está. El debate, como se encargan de recordarnos todos los días los ceutíes no está en La Moncloa. El debate sigue estando en la renuncia a la soberanía, en la insuficiencia ética del socialismo realmente existente y en la complicidad de la izquierda de verdad verdadera.

El Mando Único, tras pasar dos días en Ceuta, todo un récord, ha vuelto a Madrid para convertirse en un Mando a Distancia, que manejan ministros y ministras infames, empezando por la de Sanidad. La crisis de confianza e ira desatada estos días en Ceuta no gozan de la autoridad de coordinación sobre el terreno, mientras las fuerzas de seguridad, los recursos que estas necesitan, incluido el ejército, y los espacios de control de la invasión inmigrante sigue siendo radicalmente insuficientes.

Los hechos violentos de la noche del jueves no son aceptables. Los ceutíes no son así, han convivido siempre con distintas culturas. Y no les están empujando radicales llegados sean los “megainfluencers” u hordas fascistas. Es el agotamiento, la desesperación y la ira el combustible que explica los hechos y que los ceutíes deberán controlar, si pueden.

Los únicos que viven en la ensoñación de tratar la invasión como una simple crisis humanitaria son los del Gobierno. Los ceutíes saben que han sido abandonados, que no acabará en diciembre el asunto, que no serán liberados de la invasión y que se les ha robado la ciudad. Todo el mundo sabe que la solución pasa porque la Administración y la legislación española se actualice a lo que no está pensada. Pedro Sánchez se pasará al ala “facha”, cambiando la ley y forzando lo que lleva meses negando. Y si no, al tiempo.

La cuestión es si los ceutíes tienen ese tiempo. Si podrán, al menos, recuperar los paseos que hoy ocupan los invasores que cruzan una y otra vez la ciudad, amenazan, crean emboscadas y cosas así. Hemos llegado a un punto en que la cuestión ha dejado de ser política para ser absolutamente emocional: la del tendero que no puede trabajar, la del jubilado que no puede pasear, la de las madres que piensan en cómo llevar al colegio a sus hijos, la de los médicos con los que no se habla, la de las enfermeras que han de vacunar no saben cómo ni cuándo, la de los maestros que no saben cómo organizarán su vida escolar, la de los policías que no tienen alojamiento o un “Piolin” en el que dormir, la de los soldados sujetos a emboscadas, las de los Guardias Civiles que lloran al ver llorar a sus vecinos de siempre.

Esta es la historia de hombres y mujeres a los que han robado una ciudad, esta es la historia de un caballo de Troya, construido por Marruecos y lanzado por asaltantes venales. Las ciudades robadas resisten, ahora como antaño. Ceuta debe resistir porque los invasores le robaron la ciudad y sienten que el Gobierno les ha robado cada uno de los tres pilares básicos del estado del bienestar (la seguridad, la salud, la educación). Cuando se roba una ciudad se roba, también, su cultura. La barriada de El Príncipe tiene miedo, después de siglos de convivir con la cultura cristiana y europea. Los hindúes tienen miedo. Los ceutíes saben, la mayoría lo saben, que no pueden cruzar esa barrera. Pero no saben cuánto se puede resistir.

Esa crisis emocional colectiva es el caldo donde opera la intención marroquí de desestabilización: están buscando una víctima, como más de uno entre los voceros gubernativos me sospecho, para encontrar lo que Sánchez ha buscado desde el primer momento: una polarización antifascista que opaque su responsabilidad.

Sánchez, sin muro no es nada. El Titanic va al naufragio, pero él sigue tocando con su banda. Lo ha dejado dicho Mónica, la lista: “Los ceutíes deben estar contento de lo que se ha hecho”; lo que tu digas, otra “ignorante insuperable”. Y si necesitan más, ya se sabe, que lo pidan. Es lo que tenemos. A nadie le sorprende.

 

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