De Alemania viene un miedo cargado de… errores

De Alemania, Sajonia Anhalt, viene un miedo (AfD, 43,8%). Cuando el centro-derecha se debilita (CDU, 17,2%), la izquierda no puede vencer al “nacional-populismo” (SPD, 9,3. Die Linke 8,6%). De hecho, la izquierda puede ser parte del problema: ha perdido casi todas sus batallas culturales y ha aparecido la llamada “izquierda parda” (izquierda con discurso inmigratorio propio del nacional-populismo) que ha obtenido casi un 6%. Es Sajonia Anhalt, no es Alemania, pero la debilidad de las fuerzas tradicionales es más que evidente y contagiosa.

Podemos añadir un par de elementos de contexto. Sajonia Anhalt es el Estado más pobre de Alemania y ni por estructura de población ni por características sociodemográficas es parecido al resto de Alemania. Lo que si refleja es el cansancio social alemán.

Un contexto para enmarcar el tipo de miedo al que debemos enfrentarnos. La líder de la fuerza vencedora es una señora lesbiana, casada con una inmigrante de Sri Lanka, con dos hijos adoptados. Ha vestido prendas con motivos palestinos y ha rechazado políticamente las políticas del Führer. No es Hitler, realmente.

Digo esto porque declarar a su partido “abiertamente nazi” (Patxi López) es impreciso. Si todo es nazismo o fascismo, en realidad nada lo es; las palabras dejan de tener sentido. El miedo a este partido y a la generalización de sus ideas, ha de proceder de saber qué son: abiertamente populistas y de antiinmigración extenuante, antieuropeístas, a lo que han añadido un creciente negacionismo climático.

Se equivocarán si creen que las sospechas sobre la inmigración, antieuropeas o el negacionismo no son amplias, más allá de la AdF, en Alemania: el fin del carbón y la nuclear al mismo tiempo, con la dependencia del gas y petróleo ruso, ha enardecido a la población alemana, muy sensible a la inflación, del mismo modo que la furia verde de Bruselas lo ha hecho con una parte relevante de su potente agricultura. Pueden cargar esto en el saco del centro-derecha. Pueden añadir la pasividad ante una crisis industrial que en vísperas electorales se ha llevado por delante a la Volkswagen y a ArcelorMittal (primer productor siderúrgico).

AfD ha recogido también en sus filas no pocos damnificados por las políticas prescriptivas de la izquierda y las cancelaciones “woke”. Los más jóvenes han sentido estas presiones como un ataque a su libertad de expresión. Eso ha convertido a la AfD en un partido “libertario”, en el sentido más anglosajón del término. Pongan esto en la cuenta de la izquierda que obtiene malos resultados, con la excepción pequeña, pero relevante, del nuevo partido de la “izquierda parda”, que puede acabar votando al nacional-populismo.

Su antiinmigración admite la tradicional posición alemana de ir con contrato de trabajo y es muy radical en materia cultural. Debo destacar, empero, que los sondeos a pie de urna que los alemanes siguen haciendo -allí no esperan al CIS de turno- son muy sabios, han detectado el gran cambio: el voto de los “cuellos azules” (personas ocupadas en labores manuales, operativas, mecánicas o de oficio) que se habían mantenido en la izquierda o el centro-derecha. El desprecio a los “fachapobres”, al trabajador crecientemente empobrecido, ha castigado tanto al SPD como a la CDU.

Hace once años, inicié con mi amigo y compañero de fatigas Javier Aristu (1949–2021) un debate que acabó siendo coincidencia. Todo empezó con un post en este blog (Mientras buscamos fascistas), con motivo de la derrota de Susana Díaz que en modo “pasionaria” se empeñó en aventar un fascismo, hasta entonces minoritario. Siguió con un toque de ironía, compartido con un exquisito profesor de literatura, de estupendo sentido del humor, gran analista y, de paso, veterano dirigente comunista en Sevilla. Le pregunté, como si fuera Zavalita en La Catedral, un garito de mala muerte peruano: ¿Cuándo se jodió el Perú? (Vargas Llosa, M. Conversación en La Catedral. 1969. Alfaguara).

Su muerte nos privó de concluir el análisis, pero ya habíamos convenido algo. La historia de las crisis financieras, distintas a las económicas, porque deterioran los activos de las clases medias e impiden el progreso de sus vástagos por una generación, muestra que la extrema derecha siempre aparece en esas circunstancias. Hay un momento en nuestra historia reciente, cuya responsabilidad comparten las derechas liberales y los socialdemócratas (grande Zapatero y la Champions League de la economía) y que explica el origen del fenómeno: la crisis financiera de 2008.

Esa crisis, a medio plazo, ha destrozado la escalera social de los vástagos de clase media en toda Europa, en la que los partidos tradicionales acaban siendo cosa de “boomers”. Mientras los aliados de la socialdemocracia, los hijos más jóvenes de la clase media y los trabajadores cualificados abandonaban la alianza, la izquierda se hizo más volátil, hasta permanecer en reductos meramente ideologizados.

¿El caso de AfD tiene posible parangón en España? Depende de los errores que se cometan por las fuerzas de la mayoría política. La izquierda ya ha cometido dos gruesos: la traición de Podemos, producto de la crisis, que, enseguida, sustituyo la influencia por la prescripción cultural e ideológica, y el segundo, el PSOE que ha sustituido el estado de bienestar por un estado asistencial, donde el estatuto de la clase media se volatiliza a golpe de cuñas fiscales (mezcla de inflación y financiación de pensiones), ausencia de vivienda y prescripciones políticas. Sumen deterioro ético, renuncia a la idea de soberanía (Ceuta, por un poner) y leve aroma antieuropeo y tendrán el cuadro completo.

Sobre VOX, empezaré, antes de hacer una reflexión, con una pregunta: ¿no les ha extrañado su silencio, el no querer sacar rédito de la cosa alemana? Es que los de Vox no son liberales, son solo radicales. De hecho, la política de AdF es una impugnación a VOX, con el que no tiene muchos lazos, que sigue confinada en un tercio del voto del PP que, por su parte, ha reconocido que tiene que operar con dos derechas, lo que le libera de giros políticos, aunque con el PP nunca se sabe. Salvo que se enquiste la situación ceutí, VOX no será el ganador. Un nuevo error del PSOE. En Ceuta el daño ha sido hecho, no es Vivas el que quiere prolongarlo, otra mentira hiriente: a quién beneficia no resolver el problema no es al PP, es a VOX. A quien destroza es al PSOE.

De Alemania viene un miedo cargado de errores. La convocatoria a que los ciudadanos se conviertan en “pasionarias”, que es lo que parece querer hacer, por ejemplo, esta mañana, Pedro Sánchez, debiera ser sustituida por políticas y, sobre todo, por algo que parece irrecuperable: la confianza en la izquierda.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.