Si he entendido lo mismo que ustedes, resulta que los restos del naufragio de los herederos del 15-M se rebelan contra un Gobierno, en el que están los del 15-M, para organizar otro 15-M. Entre el sindicato de inquilinas, una especie de agencia inmobiliaria, okupas y red de salvamento de Irene Montero, y los restos del viejo buque del populismo podemita revive la ensoñación de un nuevo recambio de élites que permitan improbables políticas de vivienda y, de paso, supervivencias políticas.
Un botón emocional, el desahucio de Maricarmen, ha disparado la maniobra que lleva tiempo, en Madrid, organizándose y fracasando, y que hoy tiene un objetivo puramente clientelar: presionar a un PSOE debilitado, al tiempo que se le ofrece hacer crecer a una izquierda con la que los restos del socialismo realmente existente puedan pactar.
Sostienen que la movida es contra Ayuso (que tiene prohibido por ley vender vivienda a fondos buitre y es la Comunidad que más vivienda pública y social, insuficiente, entrega), pero en realidad daña a quien ha sido por años responsable de la cosa y es presionado. Los 15-M se presumen contra el bipartidismo, pero es contra la izquierda socialdemócrata. Raro intento en un tiempo de radicalización podemita de la socialdemocracia española oficial.
El asunto del remedo del 15-M no tiene nada que ver con Maricarmen. Ese desahucio es uno más de los cerca de ocho mil que deberemos llevar en el primer semestre (en el primero superaron los 4 mil, según el Consejo General del Poder Judicial). Sorprendentemente, el Sindicato de Inquilinas no ha dicho nada del suicidio de la mujer catalana o de Paquita (la de verdad), enferma de cáncer. Esos dramas no estaban en la Puerta del Sol, no convenían.
El desahucio de Maricarmen es un inaceptable fracaso social que, digan lo que digan, no se anota en el debe de ningún fondo buitre ni de Ayuso. Maricarmen ha sido producto de una mala asesoría, no sé si malintencionada, y de una desidia social y de Gobierno sobre una realidad dramática en el mercado de la vivienda.
La vivienda producirá, si nada lo remedia, un 15-M, dudo mucho que sea éste, aunque los 150 de esta mañana aguanten hasta el martes la presión a Pedro Sánchez, que intenta poner una vela a Dios (desahucios) y otra al diablo (fiscalidad para los arrendadores), para distraernos de la cosa de Ceuta y la corrupción y para ocultar el fracaso en la política de vivienda. Mañana, antes de saber qué piensan aprobar, podremos hablar de ello.
El asistencialismo del bono y la paga y el cargar a los propietarios –en su gran mayoría pequeños- los costes de la ausente política de vivienda (si no hay casas no hay política) es lo que ha destrozado el estado del bienestar y a los hijos de la clase media. Es probable que haya un 15-M, no creo que sea éste, y me temo que no será de izquierda. Sí; es evidente que, de aquí a mayo, las calles se llenarán de ruido y de mensajes que intenten lavar la penosa imagen de las izquierdas, pero la base social de indignados, que por cierto son bastante críticos con el periplo histórico de Maricarmen, sostiene que lo que hay es, simplemente, una transferencia de renta y calidad de vida que perjudica a los jóvenes de clase media.
Una parte de los socialistas aspiran a que sea la derecha la concernida por la acampada; sospecho que no. Puede ser funcional a los intereses de Sánchez la distracción, pero aquí el que lleva ocho años fracasando y quiere imponer para sobrevivir la política de Colau, que ha llevado a Barcelona a la retirada de viviendas y el aumento del alquiler y los desahucios, es el gobierno socialista.
Una parte de la izquierda aceptó que las maniobras financieras de los constructores y las Cajas de Ahorro, hoy desaparecidas en la práctica, que llevaron a la burbuja y al empobrecimiento de las clases medias y compradores de vivienda eran lo mismo que la necesidad de construir. Aceptada la “no construcción” como principio, se redondeó la faena con un incremento de población inmigrante que ha destrozado el mercado. Puede elaborarse el discurso que se desee, pero los pisos turísticos y las viviendas en manos de fondos no son el problema determinante.
La población ha pasado de 46.239.271 habitantes a finales de 2008 (crisis financiera) a superar los 49,8 millones de habitantes a mediados de 2026. El número total de hogares en España ha pasado de menos de 17 millones a acercarse a los 20. Ni población ni hogares responden a la tasa demográfica española, como imaginarán. Es imposible cubrir ese déficit sin construir. La ficción de la vivienda vacía, de incentivos al alquiler perpetuo, potencialmente a impagos, nos ha estallado en la cara.
Las políticas que se han aplicado (tolerancia con la “okupación”, control de alquileres) han retirado del mercado de alquiler vivienda, mientras la política de producción de suelo ha seguido anclada en políticas fiscales y regulatorias imposibles. La crisis de la vivienda tiene solución, hay suelo, hay aprovechamientos preparados, pero no hay forma de apurar plazos, ni reducir cuñas fiscales. Hay riesgos de encarecimiento de hipotecas. Sin construir no hay alquiler, ni social ni de mercado.
La crisis de vivienda, unida a un estancamiento del valor real del salario, han provocado una profunda herida social. Y sospecho que el ruido de la acampada no es el que los afectados buscan. El 15-M, en realidad, ha pasado a ser visto como una traición generacional de quienes solo vinieron para relevar élites. Se dividieron en distintas familias, sus fundadores acabaron en un foso de la vergüenza, construyeron discursos irracionales, dejaron que el socialismo realmente existente, el sanchismo, administrara sus políticas: Pedro Sánchez es hoy más reclamado entre la extrema izquierda que entre sus propios votantes; mérito de Tezanos, sus consejos y de los de a un fascal la hora de TVE.
Los náufragos de La Medusa populista -remedo de aquel barco francés hundido (Géricault, 1819)- son los náufragos del navío que pretendía ser el del cambio del régimen del 78. Han vuelto a la Puerta del Sol, retornan al 15-M. Convendría recordar la más marxista de las verdades nunca escritas: “La historia se repite primero como tragedia y después como farsa” (El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparrte, 1852). El problema es que quienes impulsan la repetición tienden a ignorar a los que sufren.
Ningún decreto de Sánchez hubiera salvado a Maricarmen, ni salvará a los miles que están en la cola del desahucio. Lo que les salva es empleos y salario real creciente, un par de clases de economía doméstica de izquierda y producir suelo y vivienda.



