Las ‘ocurrencias’ de Sánchez de celebrar Consejos de Ministros en Barcelona y Sevilla nos han costado más de 800.000 euros

Más de 500.000 euros es el coste estimado del ‘capricho’ de Pedro Sánchez de reunirse con el supremacista Quim Torra en Barcelona y celebrar en la Ciudad Condal el Consejo de Ministros para recabar el voto de los separatistas a sus Presupuestos Generales del Estado para 2019. Si añadimos el coste del Consejo celebrado en octubre en Sevilla para apoyar la candidatura -perdedora- de Susana Díaz, la suma sobrepasa con mucho los 800.000 euros. El PP ha presentado en el Congreso una batería de 22 preguntas al respecto, pero el Gobierno califica los datos de ‘secreto de Estado’.

Pese a tanto secretismo, fuentes de la oposición, conocedoras de lo que cuestan los desplazamientos del Gobierno y del ejército de policías destinado a defender a Pedro Sánchez y a sus ministros, estiman el costo de esos Consejos de Ministros en provincias en mucho más de 800.000 euros.

Para hacernos una idea, en 2012, el anterior Gobierno de Mariano Rajoy detalló que sólo los 944 antidisturbios movilizados a Barcelona para garantizar la seguridad en la reunión del Banco Central Europeo (BCE) tuvieron un coste para las arcas del Estado de 457.595 euros. Son cifras de hace seis años, cuando la tensión en Cataluña no era ni la décima parte de la que existe ahora, con la actuación masiva de grupos de extremada violencia como los CDR y los GAAR (Grupos Autónomos de Acción Rápida, de ideología nazi-separatista).

Ahora, para el pasado 21 de diciembre, para defender a Sánchez y a sus ministros, Interior tuvo que desplazar, entre el 19 y el 23 de diciembre, a más de 500 efectivos de las UPR (Unidades de Prevención y Reacción de la Policía Nacional) de Zaragoza, Sevilla, La Rioja, Castellón y Fuengirola (se da la circunstancia añadida de que efectivos de estas unidades debían participar esa semana y siguientes en el dispositivo de lucha contra el narcotráfico desplegado en La Línea de la Concepción, en Cádiz).

Esos UPR sumaron, junto a policías municipales y Mossos d’Esquadra, 1.500 efectivos sólo para defender el sitio donde se celebró el Consejo de Ministros, la Llotja de Mar, un inmueble gótico de la segunda mitad del siglo XIV, actual sede de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación y ubicado en el mismo centro político de Barcelona. Además, otros aproximadamente 7.500 policías, guardias civiles, municipales y mossos fueron movilizados para blindar el resto de Barcelona frente a los ataques de los grupos fascistas conectados con la Generalitat de Cataluña.

Del total de policías movilizados -alrededor de 10.000, según hemos visto-, los Mossos, responsables del orden público en Cataluña, aportaron al menos a 8.000 agentes, prácticamente la mitad del cuerpo (que es de 16.500 en total), para garantizar el orden público. Sólo ese despliegue de Policía Nacional habría costado al Estado más de 400.000 euros, a lo que habría que sumar el gasto autonómico y municipal de las unidades de los Mossos d’Esquadra, la Guardia Civil y la Guardia Urbana (esta última habría movilizado a unos 300 agentes para garantizar el tráfico viario).

Los desplazamientos aéreos de ‘míster Fly’

En fuentes de la oposición se empieza a conocer a Pedro Sánchez como ‘Míster Fly’, por su gusto excesivo por los pilotos del Ala 45 de la Fuerza Aérea Española. Es en este Grupo donde se hallan encuadrados el Falcon 900B y los helicópteros que utiliza tan asiduamente el presidente Sánchez, así como los dos Airbus 310 destinados a los viajes oficiales de la Casa Real y del Gobierno. Uno de estos aviones Airbus fue utilizado por los ministros y su cohorte de asesores para desplazarse a Sevilla y Barcelona, donde celebraron dos Consejos de Ministros. Para Sevilla, el presidente del Gobierno utilizó, además, el helicóptero para ir a Torrejón de Ardoz, y ahí ‘transbordó’ al Falcon 900B, en el que viajó con sus asesores más íntimos, como su inseparable Iván Redondo, director del Gabinete de Presidencia.

Dado que el Gobierno oculta bajo el mantra de ‘secreto de Estado’ los gastos que origina el uso y abuso por Sánchez de los aviones, fuentes de la oposición que saben lo que cuestan realmente esos aparatos, estiman que la hora de vuelo del Falcon 9090B es de unos 6.000 euros.

Pero ese viernes 21 de diciembre para ir a Barcelona despegó de la base de Torrejón de Ardoz un Airbus A310 -España tiene dos- de más de 200 plazas para los ministros, sus jefes de gabinete y el resto de la delegación gubernamental. Según fuentes que estuvieron en Defensa en el pasado, la hora de vuelo en un Airbus de esas características rondaría los 10.000 euros, por lo que, contando el trayecto de ida y vuelta, sólo en estos dos Consejos de Ministros, el antojo de Sánchez, asesorado por su gurú Redondo, habría supuesto para el erario público alrededor de 60.000 euros en trayectos, contando también los desplazamientos terrestres.

Si añadiéramos a estos datos el transporte de la reciente Cumbre hispano-lusa celebrada en Valladolid, a donde el propio Sánchez, diez ministros y sus asistentes se desplazaron en un Airbus A310 de la Fuerza aérea española desde la base aérea de Torrejón de Ardoz cuando podrían haberlo realizado por carretera o AVE, tendríamos que sumar otros 20.000 euros. La distancia entre Madrid y Valladolid es de 195,5 kilómetros.

Pero, además, hay que sumar a todo lo anterior , es decir, al coste de los desplazamientos y de la seguridad, el precio del reportaje gráfico, la estancia, la manutención de la cohorte de asesores ministros y asimilados y un amplio etcétera para saber cuánto costó de verdad ‘la cumbre bilateral’ de Estado entre Pedro Sánchez y Quim Torra celebrada el pasado día 20 entre en Cataluña. El PP ha exigido al Gobierno su desglose “detallado por partidas”, incluyendo, claro está, el coste del Consejo de Ministros celebrado el día siguiente, el 21, en Barcelona.

Sánchez había programado ese Consejo de Ministros en la Ciudad Condal como un guiño a la “diversidad territorial” y en él se aprobó, por ejemplo, la subida del salario mínimo interprofesional, la condena del tribunal del Consejo de Guerra de Companys y el cambio de nombre del aeropuerto de El Prat por el de Tarradellas, medidas para presionar a los separatistas a que antepongan la agenda social a su desafío secesionista y permitan así que el futuro proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) salga adelante. Pero eso ha tenido costes excesivos en política para todos los españoles y para el erario público.

El Consejo de Ministros de Sevilla

Por su parte, el Consejo de Ministros extraordinario celebrado en Sevilla el viernes 26 de octubre, decretado por Sánchez para apoyar a Susana Díaz al frente de la Junta de Andalucía -se dice ahora en el PSOE-A que aquel apoyo fue un ‘regalo’ envenenado, dado que los resultados electorales han sido desastrosos para los socialistas andaluces- también provocó un gasto extra para las arcas del Estado, aunque no tan grande como el de Barcelona.

En aquella ocasión, el lugar escogido por Sánchez, la Plaza de España de la capital hispalense, ocasionó que los diferentes integrantes del Ejecutivo tuvieran que desplazarse más de quinientos kilómetros acompañados de sus respectivos equipos de asesores, comunicación y seguridad. Todo ello por vía aérea y debido a diferentes razones operativas.

El helicóptero que suele utilizar el presidente del Gobierno para sus desplazamientos de corto y medio alcance aterrizó ese viernes en torno a las 8:10 de la mañana en el helipuerto de La Moncloa. Sánchez accedía al aparato en torno a las 8:30 y volaba desde el complejo presidencial hasta la base aérea de Torrejón de Ardoz. Ahí comenzaba el viaje del jefe del Ejecutivo con destino a Sevilla a bordo de ‘su’ Dassault Falcon 900.

De forma paralela, los ministros y su cohorte de asesores, altos cargos, etc., también emplearon otro avión oficial para asistir al Consejo de Ministros extraordinario. En esta ocasión, los titulares de los diferentes departamentos ministeriales subieron a bordo de uno de los dos Airbus A310 del Grupo 45, que les desplazó desde la base de Torrejón hasta la ciudad andaluza.

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