Los maquiavélicos Presupuestos del populismo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, firmaron el jueves pasado en La Moncloa el acuerdo de Presupuestos Generales del Estado para 2019. Hasta ahí nada que objetar, Pablo Iglesias es un socio del gobierno y tiene todo el derecho a colaborar y proponer. Sin embargo, la presencia del líder de Podemos en La Moncloa y la elaboración de unos excelentes presupuestos que rozan el sueño de todo trabajador, despide cierto tufillo a propaganda electoral bien urdida.

Es evidente que a nadie, absolutamente a nadie, le disgustan estos PGE, pero, también es indudable que hasta los dos que los han pactado saben que son inviables. Son el cuento de la lechera. Primero porque Europa los tumbará, España no está aún preparada para ese enorme gasto que suponen las mejoras introducidas; Rajoy no arregló tanto la economía como para soportar ahora este dispendio.

Entonces, ¿para qué los han presentado? Se preguntará el lector. He aquí donde relumbra la intervención de la actual cabeza del gobierno, Pablo Iglesias, un individuo que lo tiene todo perdido en el terreno político español, pero que con esta acción se labra su futura campaña electoral. ¿Por qué?

Si la UE los corrige, el ínclito siempre podrá atacar a la institución e intentar dividirla, algo que sus mentores como los del separatismo, véase Rusia e Irán, agradecerán sobremanera. Si se da la casualidad de que, aún sin explicar claramente de dónde van a sacar el superávit que se necesita para afrontar el gasto, Europa acepta, para que salgan adelante en el Congreso, Sánchez tendrá que hacer una serie de concesiones a sus socios separatistas catalanes y vascos.

A esto ya estamos acostumbrados los españoles, no se va a abrir una puerta nueva. Pero en la delicada situación en que nos encontramos ahora, la moneda de cambio será: dinero y competencias para los vascos, dinero que pagaremos todos para que luego nos reprochen que les robamos y que somos una lacra para ellos. Para los catalanes, además de una buena partida presupuestaria que saldrá del mismo lugar que la anterior, para que nos restrieguen que son viables sin España y que España les roba, el ilegal referéndum de autodeterminación que de celebrarse podría dar hasta con los huesos de Pedro Sánchez en Estremera, y por último la joya de la corona, el indulto a los golpistas catalanes detenidos.

Aún pasado este escoyo, que lo pasarán para bochorno de todos los españoles -el voto protesta de las últimas elecciones tiene estas consecuencias- si Europa no lo remedia, los PGE llegarán al Senado, donde por decisión política que revestirán de responsabilidad estatal, PP y Cs tumbarán. Y he aquí donde el maquiavélico Iglesias y por ende su bufón, Pedro Sánchez, habrán conseguido su objetivo: dejar claro en la mente de los pobres trabajadores españoles que es la derecha la que reprime al país, la que recorta, la que oprime a los pobres y beneficia a los ricos y toda una retahíla de demagógicas razones que convencerán a los votantes de ambos sátrapas de cara a las próximas elecciones.

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