Perfil: Margarita Robles, la ‘número dos’ de Sánchez y una víctima de la mediocridad de Lesmes

Marga_Robles_Pedro_Sanchez

«Un hombre inteligente se repone pronto de un fracaso. Un hombre mediocre no se repone jamás de un triunfo». Sacha Guitry no conocía, claro está, a Carlos Lemes, presidente del Tribunal Supremo por designio directo del Partido Popular, a quien sin duda Lesmes sirve. Ni mucho menos conocía a ciertos vocales del Consejo General del Poder Judicial, el órgano de (des)gobierno de los jueces, como Núria Díaz y Gerardo Martínez Tristán (elegidos bajo el dedo del PP) o Mar Cabrejas (elegida tras ser colocada digitalmente por el PSOE). Pero quizá esa sentencia del afamado dramaturgo francés les venga a medida a, si no los cuatro citados, sí al menos a tres.

Por motivos distintos, pero igual de supuestamente impropios, Lesmes, Díaz, Martínez y Cabrejas le han quitado (sic) a Margarita Robles su plaza ganada a pulso en la Sala Tercera del Tribunal Supremo; es otra de las Salas que el gobierno de un tal Mariano Rajoy se ha venido esforzando por controlar -el gobierno sabrá por qué-. La razón es que Robles ha pedido una excedencia para presentarse como la segunda de Pedro Sánchez en las listas socialistas por Madrid, y eso no tiene perdón, no de Dios, que calla y otorga, sino de la mediocridad y del reaccionarismo que se sigue viviendo en gran parte de la llamada carrera judicial, que a veces parece más una carrera como la que se practica en las aledañas calles de Sol, sólo que con puñetas.

En realidad, Margarita Robles, uno de los jueces más enteros que se recuerdan en la miserable historia judicial de este país, ha pagado con su cargo querer intentar ayudar a cambiar algo -ojo con el galimatías repleto de infinitivos- la historia de esta España que aún sigue desvergonzada e invertebrada, tal y como Ortega la leyó en su pensamiento y nos dejó en herencia intelectual.

Lo curioso es que, además y pese a todo, Robles no es un animal político en el sentido estricto de la palabra; entre otras cosas, porque es honrada y eso la deshonra en el escenario de la alta política… y de la alta justicia también. Esta leonesa de nacimiento, pero barcelonesa de adopción, nació un año después de la revolución estudiantil que puso de los nervios al entramado franquista y concluyó con la destitución -entre otros- del ministro de Educación, Joaquín Ruiz-Giménez. Así que, el que quiera saber el año de su nacimiento sólo tiene que consultar la ficha de Ruiz-Giménez, para comprobar cuándo fue cesado… y sumar un año más, cuando los estudiantes aún no habían regresado a sus aulas y seguían amargando la vida al viejo dictador.

Como hija de abogado, Margarita estaba destinada a las leyes, y como empollona de pro no sólo fue la envidia de jueces_estrellita como Baltasar Garzón, a quien superó en número de promoción, sino que también fue la primera mujer que presidió una sala de lo Penal, la primera igualmente en presidir una Audiencia -la de Barcelona- y la tercera mujer en llegar al Tribunal Supremo. Tela marinera, que diría un castizo de los de Madriz, su segunda ciudad de adopción. Así las cosas, esta dama de hierro de la judicatura como algunos la conocen puede pasarse -y de hecho se pasa- por el arco del triunfo a todos los Lesmes del mundo aún cuando estén unidos con oscuros vocales del CGPJ o con vicepresidentes de recámara que actúan desde las sombras del reverso tenebroso.

De la fuerza de Robles hablan en primer lugar los muros de las salas de la Audiencia Provincial de Barcelona, donde aún se la recuerda como el martillo pilón contra el (no)honorable president Jordi Pujol i Soley: de su puño y letra surgió ese gran escrito -que El Satiricón rescató del olvido hace unos meses y que pueden releer pinchando aquí Parte 1 y aquí Parte 2– que siete jueces y ella misma firmaron como voto particular en 1986 contra la sentencia que archivaba el caso del saqueo de Banca Catalana, los orígenes de la actual fortuna de los Pujol-Ferrusola que ahora (no)investiga la justicia nacional.

Ese voto particular que redactó Robles, anticipatorio del actual ‘caso Pujol’, acordaba lo siguiente:

  • 1º.- Declarar procesado al Muy Honorable D. Jordi Pujol i Soley por los delitos antes dichos [a) un delito continuado de falsedad en documentos oficiales y de comercio tipificado en el artículo 303 en relación con el art. 302 2º, 4º y 9º y con el art. 69 bis del Código Penal, y b) un delito continuado de Apropiación Indebida del Art. 535 en relación con los Arts. 528 y 529-7ª y 8ª y con el Art. 69 bis del Código Penal].
  • 2º.- Se decreta su libertad provisional sin más obligación que la de comparecer ante este Tribunal los días l y 15 y siempre que fuere llamado.
  • 3º.- Exíjase al procesado que preste fianza de 35.000 millones de pesetas para garantizar las responsabilidades civiles y pecuniarias que en su día puedan acordarse. Y si no lo verifica en el término de veinticuatro horas, procédase al embargo de sus bienes en cantidad suficiente para cubrir dichas responsabilidades.

Con ese voto particular -que durante muchos años estuvo perdido (sic)- Robles había desafiado nada menos que a ‘el león de Barcelona’ -parecido al de Fuengirola, sólo que en la playa de Barcino- y al todopoderoso presidente del Gobierno, Felipe González. Pero ello no fue óbice para que este último la nombrara en 1993 subsecretaria del Ministerio de Justicia y en 1994 secretaria de Estado del Ministerio del Interior. Desde 2004 a mayo de 2016,Robles ha sido una de las doce magistradas del Tribunal Supremo de España, de la Sala Tercera, pero entre septiembre de 2008 Y diciembre de 2013 fue vocal del Consejo General del Poder Judicial de España.

Ni qué decir tiene que pertenece a la asociación progresista Jueces para la Democracia, lo que habla de su tendencia, y de su carácter hablan episodios que acaso sea ya hora de que se conozcan: por ejemplo, cuando tras la explosión de unas bombitas en las playas vascas Robles llamó al comisario general de Información de turno y le dijo: ‘Como me volváis a poner otra bomba, os la cargáis tú y todos los tuyos‘. O como cuando un exministro de González le dijo: ‘Porque eres mujer, que si no te daba dos hostias’.

Con esos antecedentes, que un tal Lesmes, solo o en compañía de otros, quiera cortarle los pies, en este caso sólo sirve para parafrasear a Rabindranath Tagore: «Yo soy como el sándalo, que perfuma el hacha que lo hiere«. Que perfuma sí, pero que no honra al hacha que tala, porque para eso hay que nacer con honra… o no perderla por el camino.

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