Víctor de Aldama nos dio mañana de canto. Empezó como un factótum (Fígaro qua, Fígaro la): él siempre estaba “listo para hacer cualquier cosa, de noche o de día”. Lo mismo buscar una señorita que relajara al jefe, ponerle piso, que pagárselo con alguna comisioncita de algún negocio con constructoras, el partido lo necesitaba, dice.
Así, íbamos pasando la mañana, de historia en historia, cuando de súbito miró a su izquierda, vio las caras de presos potenciales prestos a derramar tristeza por el patio de la prisión –incluso sospecho que él podría ser uno de ellos- y se dijo:” me equivoqué de ópera”.
Ése es el momento en que todo ser humano abandona a Rossini y se pasa a Beethoven. Aldama lo hizo por ellos y por sí mismo: a ver, Ábalos ya ha roto con todas las Florestán, mujeres que disfrazadas de amor pudieran sacarlos de prisión. Solo un coro de tristeza y ansia de libertad les cabe. Libertad que solo podía obtener de un modo: encontrar a Don Pizarro, el malvado carcelero de Beethoven y vencerle. Y a ello se puso Aldama.
Y lo encontró: “Pedro Sánchez era el número 1”. Y nadie se conmovió en la sala. Pedro los había llevado a esa situación; Pedro se estaba escaqueando. La mujer de Pedro también estaba en el negocio. Pruebas, pruebas, mientes, inventadas, gritó el coro algo distraído de la verdadera intención de Aldama. No es necesaria la prueba para el procesado. Cuidado, que no conocemos el entresijo del sumario, ni las cosas que se han sugerido a la fiscalía.
Hay datos en el sumario, las salidas de dinero de algunas donaciones, los alquileres de algunos edificios, algunos extranjeros rondando alrededor de la causa. Todo demasiado complejo, quizá otros procedimientos en curso, quién sabe. Algo evidente: la responsabilidad política no había acabado en esa causa del Supremo. Algo evidente, lo del in vigilando no se practicaba mucho. ¿Era consciente? El tiempo dirá.
Déjenme que les diga lo que se hace insoportable: ¿creen ustedes que, con un país encerrado, con unas infraestructuras deshechas, éstas eran las manos que debían cuidarnos? ¿Son Ésas las personas que debían negociar con unos chinos, con las constructoras que reparaban raíles?
En su momento ya les hablé aquí del “ministro que no sabía comprar en el chino”. Fue el 24 de marzo de 2020. No es que fuera yo un visionario, es que me temía lo peor. “Comprar en un chino requiere habilidades que muchos de ustedes, empezando por el ministro de Sanidad, jefe de la autoridad delegada, pueden no tener”. Luego supimos que la autoridad delegada había delegado, a su vez, el “marrón” en el señor Ábalos y que éste se lo había pasado a Aldama, el factótum, y al lúcido Koldo.
Soy muy partidario de la escalada social y del aprendizaje a lo largo de toda la vida. Pero hoy que han visto ustedes ejerciendo al señor Koldo García, quizá estén de acuerdo conmigo en que no era un experto en compra pública, precisamente, salvo que el objetivo de la compra pública fuera el almacenamiento de “chistorras”.
Esto, señoras y señores, es lo que debe avergonzar al gobierno y a su presidente. El modernizador de la historia y faro moral ha puesto a cargo de nuestras vidas y del “ruido del tren” (poema que gustaba recitar a Churchil y que se puede aplicar a ése que ustedes saben) a un grupo de incompetentes, guiados por inconfesables pulsiones adictivas, incapacidades manifiestas y extractores ilegales de rentas.
Eso es lo que teníamos a cargo. ¡Ahora, sorpréndanse de las carreteras, el ferrocarril, las redes eléctricas, de las políticas ausentes de viviendas y todas esas pequeñas cosas! Y espérense a la traca final del proceso del Supremo y todas las que se nos vienen encima.
No hablo de presuntas responsabilidades penales, eso no es cosa del negociado de un opinante. Si hay pruebas, que aparezcan. Hablo de que traicionamos a Guaidó del mismo modo que a los saharauis, pela por medio, y que tenemos la duda de si era porque le pisaban la manguera a ZP. La cuota de petróleo lo llamaban, que se puso encima de la mesa.
Sabemos que se pitufearon donaciones, hay papeles ya circulando. Sabemos que el negocio inmobiliario se lo quedó el Instituto de Empresa, vinculado a la enamorada. Sabemos que hay otros procesos en marcha que tienen la misma matriz: dos bandas peleándose por un mercado público vandalizado.
Y sabemos, señoras y señores, por primera vez reconocido, que las “chistorras” eran billetes de quinientos euros de esos que el PSOE había negado disponer y que todos habíamos visto en las fotos. Es legítimo preguntarse: ¿si no venían del banco, de dónde venían?
Esto no ha terminado de darnos información, pero hace tiempo que se terminó todo en realidad. Ocho años más de este “progresismo” y no quedará mucho de lo que hablar. El cronista ni busca ni es su misión encontrar pruebas: sabe lo suficiente, lo que se ha probado para reclamar un rápido paso de página.
Las consecuencias de estos procedimientos no tienen que ver con saber o no si nos han robado, que no es poca cosa. Las consecuencias son la desafección política dañada de forma irremisible y la sustitución de las formas de operar de lo público por un auténtico ataque a las normas.
Se empieza convirtiendo una empresa pública en una mancebía y se acaba transformando un decreto ley no convalidado, por ejemplo, en una forma de legislar, pero sin el legislativo. En realidad, la falta de ética, la selección venal de élites, el desprecio a las mayorías es lo que estamos juzgando. También va de “chistorras”, pero si Don Pizarro debe irse es, sobre todo, por lo primero.



