Ábalos, el que tanto quería

Se siente condenado, por haber amado. Porque de lo otro en lo que ustedes están pensando no hubo nada de nada. El número 2 de la trama, al decir del que se autonombra como número cuatro, ha sido engañado, al parecer, por todo el mundo, incluida la Guardia Civil.

Ha acudido a comparecer con disfraz de condenado, teatralizando un inaudito sufrimiento. Los mismos argumentos se iban replicando en hermosísima tarea de blanqueo en la televisión pública que, finalmente, ha decidido hoy hablar del juicio. Importaba reducir el asunto a cuestión de faldas o a temas que no están en la causa (para negar lo de Air Europa, los amigos de la sospechosa habitual), para eso tenemos a Ruiz y a la señora cuyo nombre en su mitad no recuerdo y de la otra mitad no quiero acordarme.

A ver, en alguna contradicción ha caído el abandonado caballero que, por cierto, cuánto la quiso. Por ejemplo, ese subsecretario algo malvadillo al que se le ocurrió que sería bueno por estética que hubiera “otras ofertas”, igual las hubo, dice el procesado. Habrá que preguntar a Koldo, el íntimo, el amigo, en realidad casi el amado, si no hubieran existido ellas.

Aquí se me ocurre otra contradicción. Si Koldo paga y José devuelve y José no saca de sus cuentas un euro en seis años, de dónde devuelve: de la caja del partido –blanco y en botella-, en chistorras. Ahí se te ha ido la olla camarada. Como eso de llamar dádivas a pisos, chalés y otras cosas.

Puro teatro, convirtiendo al Tribunal Supremo en un programa de Risto Mejide, como si éstos se fueran a dejar. Las mascarillas, “peccata minuta”, y todo lo demás cosas del incansable Koldo y el presuntuoso de Aldama que, por cierto, por la mañana ha aflorado una pretensión de cinco millones, si la sospechosa habitual no hubiera intervenido.

Observo una pequeña diferencia entre las defensas de Koldo y de Ábalos. Koldo defiende al presidente del Gobierno (también hoy hemos sabido que mintió, que sí tenía el teléfono del “número 1”, los metadatos son “el puto pendrive” de otros tiempos). Ábalos se defiende a sí mismo, acumula argumentos para ser posteriormente apañado, quizá, tras una entrevista con Évole, se use el comodín del Constitucional, nunca se sabe.

Qué quieren que les diga, esto de hacerse golfo a tu aire, a espaldas del ser supremo, porque no te fías de que no pase a ignorar tu vida íntima ni apenas te conozca o cambie de banda y se pase de Guaidó a Delcy y de los comisionistas a los lobistas, ya lo tengo leído, de cuando en el bachillerato se leía el Siglo de Oro.

Me lo contó Tirso, que Paulo, dudando del supremo, se va a Nápoles con el golfo de Enrico (El condenado por desconfiado,1635). Lo que Ábalos no ha querido decir es que les pisó la manguera a los lobistas, que “iba por libre” y que gastó todo lo gastable. Esas “dádivas” de las que habló en el juicio, esas cosas de las que incansablemente y 24 horas sobre 24. Siete días sobre siete, siempre dispuesto, se ocupa Koldo, que al parecer conocía al bandarra ése de Aldama.

Que les quede claro: esto no va de que la chica le dejó y que Aldama manipula. Va de lo que hemos sabido, de lo que el incansable Koldo grabó y el secretario de organización del socialismo realmente existente gastó en una vida desordenada y, por lo que ya sabemos, venal. El Tribunal dirá cuanto y como. Pero lo que es, es.

Y todos irán cayendo, hasta que el Ser Supremo sea exonerado o alcance sus últimas metas. Bastó que Aldama sugiriera quién era el número 1, para que la fiscalía (¿de quién depende?, pues eso) haya dicho que no se calificará al cantante de colaborador. Cosa que, en realidad, ya no depende exactamente del fiscal anticorrupción –que no parece muy presionable, por cierto- sino del Tribunal, que es el que pone las condenas.

Llegamos al final del primer acto, el cronista hace mutis –hasta la sentencia– y los actos que vendrán, eso sí con más retraso. Con el mismo que, al parecer, no le llega la pensión a Ábalos que hace cinco meses que debió pedirla y el pobre no tiene ningún ingreso, a pesar de no tener nada embargado: bienvenido, exprócer al mundo de la Seguridad Social.

Ha vuelto, eso sí, a ser socialista y feminista, a mostrar su empatía, reprochando a las productoras que hayan entrevistado a personas vulnerables: quiere decir a las chicas que él utilizó por su vulnerabilidad. Por cierto, ha invitado, en realidad, al juez a procesar por falso testimonio a Jessica, al parecer coaccionada por Aldama, mientras afirmaba no haber tenido nada con la señora que leía libros de trenes. Cosas de Koldo.

Ha ignorado la realidad, para cerrar su deposición en su vida disoluta. En realidad, era lo mismo que intentó Cerdán: construir una burbuja para que no se hable de lo mollar.

Él las ha amado a todas, a Carolina a la que dejó, a Jessica a la que siguió, a la señora de los trenes y todas las demás. Ya lo decía el poema, no podía estar a todo, él no se quedaba por la noche: “La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise (Neruda, Poema 20).

 

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