Pedro Sánchez se sumerge en la ‘slopaganda’

“Era la tarde y los limazones giroscaban y barrenaban en las váparas” (Jabberwocky. Carroll, L.,1871). Efectivamente, ustedes no han entendido nada: de esto va el asunto. Si necesitan traducción busquen a Humpty Dumty, en la novela de Alicia, que les traducirá estos baúles de palabras, neologismos construidos con dos o tres palabras inteligibles.

En el mundo académico, Carroll tiene mucha prestancia. Hace prácticamente un año, la universidad de Tilburg (Países Bajos) publicó un trabajo titulado “Slopaganda: la interacción entre propaganda e IA”. “Slopaganda” es un neologismo nacido de “slop” (caldo, sopa) y propaganda. En definitiva, se refiere a los contenidos basura, de baja calidad que tienen, en realidad, un objetivo: hacer que sea imposible encontrar la verdad.

Ya no se trata de neolengua, fake news, relato, posverdad, etcétera. Ya no va de edulcorar los fines políticos, se trata simplemente de negar la realidad, hacer posible, mediante el permanente falseamiento, que se abran todas las ventanas de Overton: experimentar con la creación de cualquier opinión de masas para hacer posible la legitimación de cualquier política.

La Inteligencia Artificial (IA) coopera con este mecanismo. Pero no solo se aprovechan de ella los denostados “tecnoligarcas”. La comunicación política se apropia de esta metodología: memes, deseos piadosos y benéficos, nostalgia e imágenes, vídeos o audios manipulados mediante inteligencia artificial acuden en ayuda de los gobiernos, de Trump a la izquierda. En ocasiones, hasta los líderes adoptan la forma de “meme” o generan contenido basura en TikTok.

La vieja izquierda, la socialdemocracia profusamente contaminada de populismo, ha experimentado estos caminos en España: desde el tal Iván a Rubio, al frente de los “cabezas de huevo” de La Moncloa, auxiliados por agitadores, como fue el fugaz Idafe, importador, sin citar autoría, de “la máquina del fango” (Humberto Eco) y “fachosfera” (Asamblea Francesa) o los exabruptos anticivilizatorios de los Óscar ministros y aspirantes a la sucesión.

Que las maniobras con el lenguaje en España hayan sido excesivas es coherente con el tipo de política que el socialismo realmente existente y la ya decrépita izquierda de verdad verdadera han construido: lograr que decisiones políticas cuestionables o sectarias aparezcan como opciones políticas basadas en el sentido común o la ciencia, a pesar de carecer de ambas cosas.

Los bulos pudieron iniciarse en las entrañas de la internet reaccionaria más profunda, pero enseguida pasaron a la esfera del Gobierno y sus tramas (desde la bomba lapa y el juez de los dos DNI al golpe de estado judicial o el no conocemos a nadie). Y ahí se han quedado.

Hay un momento en que la vieja izquierda perdió la batalla de las ideas, incluso perdió las ideas que se habían hecho mayoría. Tuvo que crear nuevos lenguajes para ocultar lo que ocurre: resiliencia, gobernanza, consensos científicos, etcétera, son palabras que a ustedes les suenan. La reinvención de la izquierda exigirá la reconstrucción del lenguaje.

Ahora estamos en una nueva fase: el recurso a la IA cambia la comunicación política. A esto se refiere precisamente la “slopaganda”. La máquina de creación de contenido basura se ha instalado, también, en La Moncloa, una expresión más del deterioro político. Ni siquiera la lista de los 61 y la trama de la influencia comunicativa será necesaria. Hasta es absurdo crear televisiones de partido y llevarse a los gritones de la pública, a un fascal la hora, o los residuos podemitas financiados por no se sabe quién. Solo que haya votantes “boomer”, consumidores de vieja comunicación, dicen, lo justifica.

Lo que crea estados de opinión, eso lo entendió primero el reaccionarismo, son creaciones que se vuelven virales a medida que la máquina de escándalos de las redes sociales se desata. Los hilos de noticias de todas las plataformas están hoy en día saturados de contenido generado por máquinas. En la actualidad, es muy probable que todo lo que aparece en nuestros hilos de noticias sea “basura”, “slop”. Los mismos tiktoks de Pedro Sánchez se inscriben en ese nuevo modelo de comunicación política.

La “slopaganda” no habla de fines políticos, solo de poder. Y pretende vaciar cualquier posibilidad de la alternativa. La nueva comunicación política no tiene que ver con la “posverdad” que se viene practicando, especialmente desde la pandemia. No se trata solo de información falsa ya integrada en el discurso político.

Ahora se trata de las posibilidades que ofrecen las nuevas herramientas, no para ofrecer una perspectiva de futuro sino de difundir a gran escala sensacionalismos que hacen imposible conocer que está pasando: desde golpes de estado judiciales a votos robados se abren debates que ocultan las maquinaciones del poder.

La risa de “Joker” que Sánchez nos dedica es el desprecio a la verdad y la convicción de que podrá torcer nuestra voluntad a golpe de comunicación basura. La comunicación política del gobierno se basa en la desestabilización: en sembrar la duda sobre todo lo que le rodea mediante discursos, memes, recelos y creación de un presente de asfixia. Para resistir debemos entender la naturaleza de nuestro ecosistema mediático: olviden a los subvencionados grupos editoriales; la nueva comunicación, donde anida la “slopaganda”, es la suma de una plataforma, una tecnología y un hilo de noticias.

La velocidad de la información es tan rápida que no permite formar un pensamiento político. La agenda de la semana: una de antifranquismo, otra de vivienda fake, más subvenciones, otra de “OTAN no”.

Los robots son mejores que la lista de los 61, que solo sirven para cobrar. Hasta los “boomer” tienen twitter. Pero la nueva comunicación no tiene la victoria sobre el pensamiento social asegurada. Los Z inseguros y, a veces, los “histericoministros” olvidan que los “boomers” manejábamos, a mitad de los 80, ordenadores, sabemos instalar programas, seleccionar un “puerto” en el ordenador y hasta usamos la IA, incluso de pago.

Vender la tentadora idea de acabar con lo viejo, cuando lo que se propone es aún más viejo, es la trampa de la “slopaganda” en la que Pedro Sánchez se ha sumergido. También los demás podemos resistir.

 

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