Ha vuelto a luz un vídeo que el sanchismo preferiría mantener enterrado en el fondo del pozo digital: aquellos encuentros, hacia 2016, en los que Pedro Sánchez, ante su militancia, destapaba sin tapujos la verdadera hoja de ruta leninista que le proponía Pablo Iglesias para la toma del poder y que ahora está siguiendo él mismo desde la Moncloa. Hay verdades que no se destruyen, solo se traspapelan temporalmente. En la era digital, borrar el rastro de las propias palabras es la obsesión de la nueva política, pero la red siempre guarda un as bajo la manga.
El “bocachanclas” atrapado en su propia red
Si algo ha demostrado Pedro Sánchez a lo largo de su carrera es una incontinencia verbal que, a largo plazo, siempre termina por devorarlo. Es lo que coloquialmente conocemos como un bocachanclas: alguien incapaz de medir las consecuencias futuras de lo que escupe en el presente con tal de ganar el relato del día.
En aquel momento, buscando el aplauso de sus bases y justificando por qué no podía pactar con Podemos, Sánchez se vistió de moderado. Contó que, mientras él pretendía negociar grandes ajustes sociales y políticas socialdemócratas, Pablo Iglesias le puso sobre la mesa la fórmula mágica para demoler el Estado desde dentro. Lo que Sánchez describió no era un programa de gobierno; era un manual de asalto.
La fórmula del control total: de Iglesias a Lenin
Según las propias palabras del aún presidente del Gobierno -ésas que hoy desearía no haber pronunciado jamás-, la propuesta de Iglesias consistía en colonizar y controlar los resortes fundamentales del poder del Estado:
La Justicia y las Fuerzas de Seguridad: Control de jueces, policías, guardias civiles y el ejército.
La Inteligencia y la Información: El CNI bajo lupa y el sometimiento de los periodistas y medios de comunicación.
La Economía y la Estructura Territorial: la validación de la independencia de territorios como Cataluña y el País Vasco.
Lo que Sánchez relató a su militancia no era otra cosa que un resumen perfecto, casi milimétrico, de las tesis que Vladímir Lenin expuso en su célebre opúsculo ¿Qué hacer? (1902). No se trataba de gestionar un país, sino de sustituir las estructuras democráticas por el control absoluto del aparato estatal.
Del espanto a la ejecución
Lo verdaderamente crítico y alarmante de este vídeo recuperado no es sólo comprobar la ligereza con la que Sánchez hablaba entonces, sino contrastarlo con la realidad actual. Lo que en 2019 Sánchez presentaba como un “espantajo” radical e inasumible para justificar su rechazo a Iglesias se ha convertido, paso por paso, en la hoja de ruta del sanchismo en los últimos años.
El Sánchez del pasado nos advirtió del peligro que el Sánchez del presente terminó abrazando por pura supervivencia política. La maldición de la hemeroteca demuestra que el aviso era real; la única diferencia es que el bocachanclas decidió que el plan leninista no era tan mala idea si el premio era mantener el sillón y, sobre todo, apartar a los tribunales para que no investiguen la supuesta gran corrupción que le rodea en todos los ámbitos y niveles.



