Este gobierno es bueno haciendo listas; de hecho, solo hace listas. Pero ésta no nos la esperábamos. Publica El Confidencial que un subdirector y hasta 20 funcionarios del Ministerio del Interior han clasificado a periodistas según ideología y posicionamiento político. El ministerio lo confirma: se hicieron las fichas individuales, pero solo eran “de modo informativo” (o sea, ficha policial) y para uso interno (o sea, premios y castigos).
Por supuesto, Marlaska no sabía nada, en La Moncloa no sabían nada. Nadie en el negociado correspondiente ha sido cesado. También, deducirán ustedes, El Confidencial tiene buenas fuentes, pero esto es fuego amigo. Traducción: a Marlaska hay quien le tiene muchas ganas.
Si usted es periodista habrá lanzado un exabrupto; no seamos corporativos, han hecho lo que hacen con todo el mundo (han investigado a políticos, disidentes del partido, policías, jueces, empresarios, organizadores de manifestaciones, etcétera). Si es usted de la simple ciudadanía informada, habrá hecho un gesto de indiferencia, mientras se hacía una pregunta retórica: ¿hay ficha de Ruiz y Cintora, de los de a un fascal la hora?
Un cronista tiene que preparar un sesudo razonamiento, va en la condición, pero siguiendo la norma de redacción que aconseja anticipar las conclusiones básicas, tengo dos afirmaciones y una pregunta. Primera afirmación: esto es propio de un estado policial y de “policía patriótica”. Segunda, la porquería de Estado empieza a ser agotadora. La pregunta: ¿camaradas, por qué no lo dejáis de una puñetera vez?
A ustedes les hizo gracia que el ministro de los trenes afirmara en la radio que dedicaría funcionarios, pagados con dinero público, a investigar la referencias a su grado de belleza. A ustedes les hace gracia, me consta, que yo pondere aquí, en ejercicio de supervivencia, la prístina belleza de quien gobierna como tuitea. Hemos normalizado que el ministro de Adamuz califique de “bulo” cualquier información que se refiera a su responsabilidad. Hemos sido comprensivos, 46 muertos no dan para ser “sátrapa” en lugar del “sátrapa”.
Luego supimos que la fontanería del PSOE manejaba una lista de 61, número de periodistas afines, merecedores, ellos y ellas, de tertulias, colocación de “nepobabys”, programas de televisión, subvenciones, contratos a dedo, a un euro menos del máximo legal (más IVA). Normalizamos que los 61 colonizaran la televisión pública, para repetir en sincopada cacofonía los argumentarios de La Moncloa. Hasta se normalizó que un conductor de los de a un fascal la hora afirmara que se podía debatir si un antifascista podía usar la violencia con un periodista que cubría una información.
Ahora ha ocurrido lo que podía temerse. El ministerio de la verdad y la policía hacía listas de las posiciones políticas e ideológicas de periodistas y cronistas que cubrían la información de interior y del gobierno. ¿Habrá otras informaciones sometidas a espionaje y escrutinio?
Este cronista no tiene, imagino, relevancia para aparecer en tales fichas. Eso sí, para ahorrarles trabajo ya les adelanto que alguna mía debe haber en alguno de sus archivos antiguos. O andaré en esa genérica condición de “traidor” o “fachosfera”. No se molesten en investigar mucho; yo se lo cuento todo: desde hace tiempo, aquí se critica el vomitivo comportamiento del gobierno, del ministerio y del ministro titular, siempre ausente, autoritario y condenado por abuso de poder, que hace tiempo debió marcharse, con los demás, por cierto. Me repugna el bajo nivel ético alcanzado por el socialismo realmente existente, el inaudito apagón del faro moral. Me espanta la traición a Ceuta y espero su pronta marcha. Mi consigna es: Ceuta, corrupción, elecciones. ¡Hala!, dicho queda!
Cabe preguntarse: ¿es democrático? ¿Quién lo encargó? ¿Con qué objeto? Empezaré por lo fácil: lo ordenó la comunicación de Sánchez. Lo ejecutó, Marlaska. Ninguno de ellos lo reconocerá. El objeto primero del señalamiento es obvio: saber quién merece menos subvenciones, menos tertulias, más chantaje con las pelas, menos información de calidad, más insultos, más amenazas. ¿Algún periodista del ministerio va a dimitir, algún responsable cesado? Se hacen apuestas.
¿Con qué objeto? Hay también dos razones. La primera, era necesario limpiar la opinión publicada de cualquier opinión no sincronizada, por lo civil o por lo militar, la lista es una preparación para el conflicto. La segunda es la contaminación izquierdosa populista del sanchismo, “jarabe democrático”, siempre dispuesto a castigar a los que no son fieles a la consigna y no responden con firme ademán. El ministro de la policía debía tener a mano sospechosos habituales a los que cargar cualquier muerto, además de a Margarita. ¿Habrán enviado algún fontanero a investigar y grabar? Así, haciendo listas empezó Villarejo: gran final para Marlaska.
Vayamos pues al asunto del estado policial y la ausencia democrática. Confeccionar un inventario de disidentes afrenta a la libertad de expresión y a la libertad democrática. Hacerlo en sede pública es, con toda probabilidad, delito contra un derecho fundamental. Inhabilitante para un responsable público en democracia.
La opinión, la ideología de los periodistas, cronistas y ciudadanía, pertenece al ámbito personal (art. 16.2 de la Constitución: “Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias”). Menos aún investigado o evaluado. Esta lista supone, de hecho, la supresión de la condición de ciudadanía de los periodistas investigados y es un intolerable atentado a su libertad. Lo del artículo 20 (libertad de expresión) ni lo comentamos. Una cosita judicial debería venirse.
Marlaska es ahora aquel Fouché, policía del terror y luego inventor de la organización de espías en el interior de Napoleón. Y eso que es juez. Luego hablara de “lawfare”.
Ni siquiera con los que se dicen de izquierda termina la lucha por las libertades. Aprendan. Albert Camus, que era como un servidor “de izquierdas, a pesar de la izquierda y a pesar de mí mismo”, que ejerció activamente el periodismo, escribió “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. Eso es lo que quieren los que hacen fichas policiales, hacer buena a la prensa de barricada y tiralevita, comprada a golpe de subvención y mamandurria, enardecida de presunción ética. Estoy cabreado, sí, hace tiempo. Periodista, estás en la lista: el enemigo te señala.



