Florentino, “por el mal preso”

Es inevitable aislarse del ruido; ha sido decretado que “lo de Florentino” es de lo que hay que hablar. Debo manifestar mi sorpresa. Por muy grande que sea el Club, el más grande, el día que los guardias silban al ministro de la cosa y la directora general amenaza con sanciones y tenemos abundantes resacas, desde el virus a “las sobrinas”, justo ese día, lo que ocupa a los analistas es “lo de Florentino”.

Tenía, y me quedan, dudas sobre la comparecencia de marras como ahora les explicaré. Debo decir que muchas han sido resueltas al observar que la gritona de siempre, los de “a un fascal la hora”, los prescriptores habituales del “wokismo” han decidido actuar. Lo que mueve cierta sospecha: parece que una vez “administrado” el Barcelona a golpe de permisivas palancas y ensoñación indepe y vendido el Atlético de Madrid, toca enderezar a la institución deportiva más autónoma.

Percibo que las opiniones oscilan en dos frentes. Por un lado, quienes consideran que Florentino recitó ante la prensa el delicado “Soneto 66” de Shakespeare (ironía), pero los “intelectuales del régimen” no entendieron la sutileza. Donde Florentino dice: “me sacarán a tiros”, Shakespeare escribió: “harto de esto, de esto huiría/ más, muerto, a mi amor desolaría”. En el otro lado, están precisamente quienes afirman que lo que hizo Florentino fue declarar su inhabilitación civil que, hace tiempo, dicen, merece.

Los medios no estaban preparados para otra cosa que no fuera un evento formal, tipo discurso a la Asamblea de socios. Los más ansiosos esperaban su dimisión y reunieron a sus más eficaces analistas. No; no era una rueda de prensa: era una intervención electoral ante los socios -se organizó un mitin pretextando rueda de prensa, un plasma, en realidad-, basada en dos elementos: desvelar quién es su oposición y resaltar su capacidad de resistir. Hay una tercera parte del asunto no poco relevante: cerró la victoria en la liga del Barça en menos de 24 horas (ya nadie habla de ello) y señaló a Negreira, la Liga (sus “raras” financiaciones) y a los árbitros (un serio problema del futbol español).

Sobre lo primero, hizo notar lo que se intuía: tras la oposición del “Movimiento Ambar” se encontraba un “precandidato” (Enrique Riquelme), acompañado por personas vinculadas a una empresa eléctrica (Iberdrola), cuyo presidente (Ignacio Sánchez Galán) ya participó, en sospechoso conchabeo, con Villarejo para montarle porquerías a Pérez. Las vinculaciones de todos ellos con La Moncloa también han sido detectadas. El presidente del Madrid (tenemos uno de la SEPI en la sala de mando: Ortega, estén atentos) podría haberse limitado a poner el asunto en manos de los socios y convocar elecciones. Pero Florentino quería más: quería dejar un mensaje de fortaleza personal y su dureza y contundencia parece anunciar resistencia por los adversarios inesperada. Los adversarios querían dimisión y sin Florentino de candidato.

Aspectos negativos importantes hicieron insuficiente y, a veces, poco correcta la comparecencia. En primer lugar, es reseñable la misoginia que dejó traslucir. El problema no es afirmar que una señora sepa o no de fútbol. Hay señores, incluso periodistas de futbol, que tampoco saben. El tono, “la niña”, la jarana montada en torno a la fealdad, concluyeron, en realidad, en grosería y sexismo.

Una segunda cuestión nos concierne a los seguidores del equipo: la ausencia de una explicación deportiva y el diseño de una estrategia a seguir. Puede decirse que eso ya será cosa electoral, pero ése fue un déficit bastante notable.

Aspectos positivos hay, también, un par de ellos: Alejar la presión del equipo y dirigirla al candidato mejora sus negociaciones con la plantilla y desplazan la pañolada, si la hay, al palco. También, representar, muy teatralmente, eso sí, que la autonomía del club no está en juego. Aquí cabe preguntarse si era necesaria tanta épica: en realidad, los que conocimos, de muy jovencitos, los últimos años de Bernabéu entendimos la forma del mensaje que Florentino estaba lanzando a la identidad del club. “Santiaguina” se llamaba.

Lo que más ruido ha hecho es su incursión en el mundo de la comunicación. En este punto creo que, desde ambos lados de la barrera, se ha operado con poca humildad. Los que nos dedicamos a comunicar debiéramos saber que el ecosistema de la comunicación ha cambiado: Cualquier story o reel emitido por la entidad (del Real Madrid y cualquier gran club) llega ahora a más gente que el ABC, el As, la SER y la COPE juntos. No necesitan para eso a los medios, cosa que éstos no entienden y tratan de resolver con presiones y filtraciones o simples mentiras (esto ocurre en todos los ámbitos sociopolíticos).

Pero las corporaciones y las instituciones necesitan a los medios porque estos garantizan el buen gobierno, crean contrapoder y forman parte del control social. Un poder que debería usarse con ética e inteligencia.

En la convergencia de ambas cosas figura el problema del “señalamiento”. En este blog se ha recordado que hay periodistas que no han pedido perdón a Ketty Garat o a las cadenas cuyos opinantes y tertulianos abusaron de un chaval y sus datos correctos para manipular a la audiencia. (números originales de Jon González, recientemente escracheado en redes desde la izquierda, por cierto) En ese contexto, Pérez puede tener derecho a informar de que se le inventó un cáncer para presionar su dimisión, de que no son formas que un periodista (ABC) escriba que había acabado la “dinojunta” (de dinosaurios) o que se haya dicho esto o lo otro.

La señalización genérica siempre tiene unos riesgos: la injusticia con los más y la ira “escrachadora” que produce en la parroquia. La reacción de los medios ha sido tan poco ponderada en este punto como la de Florentino: la portada de ABC (distracción para el día de una de las crisis del grupo) o el griterío de los programas de deportes son tan excesivas que mueven a la sospecha. No obstante, permanezcan atentos, en los medios, desde ABC a la COPE, hay una movida de la leche, pasando por la SER o la Tele que busca Pedro.

Sigo teniendo la duda de la conveniencia de la forma, la certeza del machismo y mantengo la laguna de la explicación deportiva. No me gustan los señalamientos que no se sostienen en lo concreto, aunque la referencia “que los de mayo del 68 se dediquen a filosofar sobre el Madrid, como si fueran Demóstenes…” es pura poesía (Demóstenes no era filósofo, pero valdría orador para el contexto). Todo lo demás, les sugiero, debe ser estudiado con detalle; hay más tiros de los que parece.

Solo tengo, con ironía, una pregunta a los críticos: ustedes creen, erróneamente me parece, que el abuelo ha perdido la cabeza, pero ya me dirán quién le quita el rifle. Ha habido mucho edadismo impresentable en el conflicto y los comentarios, por cierto.

Pérez ha atribuido a todo el mundo la lista de corruptelas que Shakespeare escribió en el “Soneto 66”, el bardo veía “al bien cautivo, por el mal preso”. Un poco de razón tiene. Aquí, si no lo han notado, un madridista, con algunos reparos, “Tito Floren”: Hemos tenido mejores días.

 

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