Las muy amplias frentes del Frente Amplio están consiguiendo que sea, cada vez, más estrecho. Las circunstancias internas y la deplorable imagen de “jardín de egos” ha destrozado la operación. Se pueden tomar decisiones erróneas por coherencia; eso no es bueno, pero es honesto. O se pueden tomar por simple interés de poder corporativo, eso, en general, es un desastre.
Maniobras, trampas y cálculos tienen un evidente objetivo: construir una balsa de supervivientes, a la espera de mejores tiempos. Una premisa ha sido olvidada: el que se estaba quedando con el mensaje político de extrema izquierda era Sánchez. Mientras hablan nombres, él se queda con Maricarmen.
La única razón real por la que el Frente Amplío podría llegar a consolidarse es para evitar hacer el ridículo una vez más. En ese mundo de visiones irreales, en el que se puede pedir la revolución con vestidos de Dior de tres mil euros, todo el mundo debe ser el último en no querer la unidad.
Soy escéptico sobre que logren un acuerdo (no veo incentivos para que lo hagan) y, si lo logran, soy escéptico sobre que eso suponga una ventaja electoral; solo evitar que la travesía la hagan nuevos líderes (expectativas). En todo caso, la experiencia, tanto antes como después de la convocatoria electoral, constituye toda una lección de errores de manual político.
Los contrayentes del tal frente, por separado, obtendrían alrededor de ocho escaños, juntos serían doce. Datos en los que coinciden todas las encuestas de este fin de semana. La nueva fuerza política será irrelevante a la hora de determinar mayorías políticas, cosa que en la izquierda solo depende del PSOE. Una cuarentena de diputados es lo que se puede esperar si sumamos a ERC, Bloque, Bildu y las fuerzas regionales del movimiento Sumar, que ni suma ni es movimiento. Los componentes del Frente Amplio estarían perdiendo 23 diputados. Consideren, además, la potente relación inversa entre voto al PSOE y a la nueva plataforma. Sánchez sabía lo que hacía. Si este espacio mantuviera su presencia, luego veremos porque no lo ha hecho, el PSOE andaría en 90 diputados y bajando.
Hay otra cuestión: ¿tanto lío por cuatro escaños más para el Frente Amplio? ¿Qué incentivos tendría Podemos, si en las listas madrileñas puede obtener lo mismo en solitario (con 5%)? ¿Qué incentivos tendría Sumar en Madrid si el crecimiento que produzca la suma no modifica su presencia, ni salva a alguno de sus líderes?
Los incentivos son fundamentales para este tipo de decisiones que no responden a principios. Dicho, en otros términos, si los acuerdos son para que el “otro” se lleve al beneficio, carece de sentido patrimonial.
¿Por qué, además de la eterna cantinela del “unitarismo” a la izquierda de la corriente socialista, se mantiene entonces la tensión por la nueva coalición? Por expectativas. El pobre escaño de hoy significa el liderazgo de mañana, el colchón por cuatro años y el control de la necesaria reconstrucción, la barrera para el que pretenda entrar (oligarquía).
¿Por qué Rufián y Montero parecen haber resultado ganadores del juego hasta ahora? Rufián logra su propósito, con notable ejercicio de cabildeo, reduce el peso de los Comuns en Catalunya, pone en un aprieto a Urtasun, se garantiza una presencia en Madrid financiada por ERC y una base estatal de la que ahora carece para un propósito futuro. Podemos gana un referente que no tiene y empata con Sumar a interlocutor. Si el Frente fracasa, ninguno quedará fuera del juego; si triunfa, serán los campeones y pasarán factura.
¿Por qué el Movimiento Sumar aparece como derrotado? Por diversas razones. Primera y evidente, una mala gestión de su posición de coalición. Incapaz de obtener más rédito clientelar que las cesiones a Yolanda Díaz, que ha obrado a su aire, acaba convirtiéndose, simplemente, en muleta de apoyo al socialismo realmente existente sin contrapartidas. Se lo comió todo, permaneció mucho tempo abrazado a un muerto y puso su supervivencia en manos de un liderazgo (Yolanda Díaz) dispuesto a pasar todas las líneas rojas que hicieran falta. Cuando este liderazgo se apartó, la sucesora (Mónica García) se comió todo. Entre esas líneas rojas, una que la amenaza de la ultraderecha no tapa: la corrupción.
La selección de las élites directivas en lo que ahora es ese espacio carece de legitimación democrática. Con la excepción formal de IU, que reúne a sus órganos políticos y la más folclórica de las primarias “podemitas”, todo lo demás son enjuagues y movimientos de comunicación para salvar sillones. ¿Se han preguntado por qué todo el debate parece una carrera para que cualquier alternativa nos parezca más antipática que la anterior? Porque si no fueran maniobras de supervivencia (Colau, García y compañía), harían algún tipo de consulta.
Colau necesita huir de Cataluña, allí no la pinta. Lo de Mónica García empieza a ser esperpéntico. Muy aplaudida por las mareas sanitarias, lo que ustedes digan, pero ha logrado la mayor huelga de médicos en la historia democrática española, convirtió un caso de infección en Canarias en un teatro, fracasó y mintió en Ceuta, ha convertido su ministerio en una gestión “antiayuso” y chalaneó para no perder las primarias en Madrid. Luego se presenta como salvadora, rompiendo el acuerdo interno en Más Madrid. Si, finalmente, hay acuerdo no descarten que desaparezca de la parrilla, eso sí con un discurso encendido por la unidad.
La gestión del tiempo, camaradas de la revolución permanente, es, también, la gestión del tiempo político. Confiar en que Sánchez aguantaría, que alguien de quien dependes lo haga, es un error político. El tiempo lo marca el estado de ánimo social. Lo que ese ánimo iba diciendo es que las cosas iban a peor y había que preparar el asunto. Pero sí: “el jardín de egos” lo impidió.



