Presos de la risa del Joker

Foto: Congreso de los Diputados

En 2023, discutimos mucho sobre legitimidad. Este cronista se situó entre quienes defendieron que, en una democracia parlamentaria, cualquier combinación para ejercer el gobierno es legítima. Aun creyendo que era irracional, por polarizador y políticamente paralizante que no gobernara el más votado, además de poco ético, al basarse en mentiras que la ciudadanía no había votado (amnistías, exoneración etarra, etcétera).

Hace tiempo que la legitimidad del gobierno socialista se ha ido haciendo jirones. El pasado viernes se hizo meridiano su final: cierto, no era un mecanismo constitucional, pero sí político: quienes habían conferido mayoría a Pedro Sánchez le pedían elecciones y dimisión. Es lo que hay: apoyo acabado, legitimidad fenecida.

La respuesta del prócer fue un sorprendente e inconveniente: un espasmo de risa. A la irritación del responsable político de un nido de corruptos acompañará, desde ahora, la risa del Joker. Ese espasmo absurdo no solo iba destinado a la humillación de sus viejos aliados: ha sido repetido el sábado ante unos conmilitones que gritaron, para asombro de los oyentes, la fidelidad eterna al Joker: los corruptos no tienen nada que ver con el partido, con una triple excepción: la señora, el hermano y ZP.

Sea. Ya escribí aquí que España entraba en tiempo de la basura. Ahora entramos en el tiempo del Joker. Y, si me apuran, eso es todavía más peligroso. Quizá debamos, por un tiempo, abandonar la reflexión política, el análisis sociológico de las cosas. Quizá debamos aplazar el ejercicio de ese noble cometido de intentar cambiar el mundo, mejorar la vida de la gente. Ahora se nos propone un plebiscito sobre el nuevo César: y, amigos y amigas, nuestro cometido es salvarnos de la maléfica risa del Joker, de cuyos efectos no sabemos las consecuencias.

Pueden ustedes elegir entre vivir en Gotham o reiniciar el proceso de la democracia española, su reconstrucción institucional. A muchos nos gustaría que esa reconstrucción procediera de la izquierda: pero los viejos atisbos de la socialdemocracia, de las reclamaciones de igualdad, de la institucionalidad proactiva hacia la justicia han desaparecido bajo el ejercicio clientelar, de una miríada inútil de identidades cuando no de una práctica corrupta del poder.

El cronista no es experto en sicología, a pesar de ser tertuliano. No debí reconocer mi ignorancia: rebaja puntos en las tertulias. A cambio, he delegado el asunto en mi contertulio, amigo y sicólogo Paco Revuelta. Debo decir que la interpretación del asunto es mía.

He entendido que la risa del Joker combina la crueldad con una mueca de locura. Añade a la falta absoluta de empatía o culpa, propia de la sicopatía, un sarcasmo hacia la moralidad. En definitiva, la risa del Joker refleja una personalidad antisocial. Otro día le preguntaré más a Paco Revuelta, pero creo que ustedes me han entendido.

Tomen las dos frases más relevantes del personaje en el Comité Federal que, probablemente, disolverá el PSOE para la historia: lo que hemos vivido, y seguiremos viviendo con manifestaciones que nos escandalizaran aún más, es “una corrupción de personas concretas que se aprovecharon de sus posiciones” (ya no tienen nombre, apellidos, militancia, han sido simplemente deshumanizados: no merecen ser considerados por P. S.).

La otra frase para el recuerdo es que “resistir no es desistir”. Afirmación que no suena a propósito sino a amenaza. El Joker mantendrá sus comportamientos, ha quedado dicho, ¡ay, de quienes no lo entiendan! No debe olvidarse que hay una visión alternativa a la sicológica sobre la risa del Joker: es el producto de la llamada “navaja holandesa”: uno de los violentos comportamientos del hampa.

No minusvaloren al Joker, no es solo un potencial peligro: es un personaje muy fantasioso e inteligente, un maestro de lo suyo. Lo que hemos creído ver como resistencia era, en realidad, otra cosa: un plan para alterar el cuadro institucional, si parar en barras sobre los límites sociales, económicos y políticos. Tampoco se engañen: a fecha de hoy, estamos presos de la risa del Joker.

¿Qué haremos los que no queremos vivir en una Gotham oscura, sujetos a la ira y los intereses del Joker? Ya sabemos que no podemos contar con la reflexión del socialismo realmente existente. Debemos dejar a los cobardes que protegen sus intereses en las poltronas y renunciar a nuestra pasividad de pensamiento.

Hagámoslo de forma democrática, no caigan en la trampa de la ira y la radicalización que el Joker busca para consolidar su poder, sigan expresando cuando puedan y en términos democráticos, a golpe de libertad pacífica de expresión, que le detestan, reflexionando sobre lo que pasa, convencidos de que volverán los tiempos de la política, donde debatiremos en las alamedas sobre nuestro futuro.

En esa reflexión no crean que este grupo de “panas” socialistas solo ha buscado la venalidad y la riqueza. ¿Qué hay de Caracas a los asuntos bolivianos de Zapatero?, ¿de los cupos de petróleo a las trápalas dominicanas? ¿De tantas operaciones empresariales en el llamado sur global, de la relación con la presencia China en nuestro continente, a través de la puerta española?

Igual hay un patrón de cambio estratégico de la posición de nuestro país. A lo peor, ese leve aroma antieuropeo que hemos señalado aquí alguna vez no era solo producto de una codicia sin límites sino la búsqueda desesperada de un nuevo espacio político para España.

Nuestro cometido no es esperar en casa a que venga un Batman alado a rescatarnos de la risa del Joker, sino de liberarnos a golpe de razón y de palabra. Habrá cambio, eso es inevitable. Cada cual que empuje con las armas que nos ofrece la palabra. A lo mejor, un día aparece alguien de izquierda que hiele la risa espasmódica del Joker al que difícilmente la historia recordará ya como Pedro. Y si no o, también, habrá alternancia, no pasa nada que sea peor que un Joker.

 

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