Quiénes son los fascistas

Me preocupa la proliferación de fascistas, a tenor del aumento de calificaciones de tales a los colectivos y a las personas más variadas.

He hecho un repaso de las declaraciones, programas políticos, actuaciones y debates de estos últimos doce años y, para mi sorpresa, los únicos que propugnan la subordinación del individuo al estado —esencia del fascismo— son los políticos podemitas, por una parte, y los recientes separatistas vascos y catalanes, por otra.

El otro ingrediente de esta preterición del ser humano y su pérdida de derechos históricos fundamentales —la vida, la libertad de expresión y pensamiento,…—, por otros recién inventados, contingentes y atrabiliarios, es el etnicismo, es decir, la superioridad moral y hasta jurídica de unos seres sobre otros.

Lo estamos viendo en el supremacismo catalán excluyente de todo lo español, en un remedo 2.0 de las cruces nazis en los judíos como paso previo a su exterminio.

No quiero pecar de alarmista, difamador ni nada por el estilo, válgame Dios, pero el proceso del independentismo catalán sigue la misma mecánica que llevó a Hitler al poder, en la que las elecciones se combinaron eficazmente con el amedrentamiento y la violencia: ¿cuál es, en el fondo, la diferencia entre los CDR y las SA de Erich Röhm? Por otra parte, las únicas apelaciones a la violencia como método de acción política y estrategia de acceso al poder las he visto siempre en boca de gentes de Podemos.

Aun así, ¿cuántos reclaman en esta sociedad el aislamiento de dichas conductas, eso que llaman el cordón sanitario? Para mi sorpresa, son ellos precisamente los que piden el ninguneo de los otros, con lo que de esta manera el término fascista acaba ya de dejar de tener algún sentido.

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