Apocalipsis una descoordinación desconcertante

Escandalícense conmigo: se ha sabido que ese magnífico coctel llamado “Aperol Spritz” tiene los días contados. Se trata de ese combinado italiano que mezcla Aperol (2 partes), cava (dos partes, admite vino espumoso), soda o agua mineral con gas (una parte), rodaja de naranja y hielo (sirva el cava después del Aperol, consejo). Es más barato hacerlo en casa que bebérselo por ahí.

Los “bartenders” más “cool” y progres del planeta, o sea, los que viven en Londres, han anunciado el nacimiento del “Hugo Spritz” que, en nombre del menor consumo de alcohol y azúcares, sustituirá el aperol por un licorcito de flores de sauco, como lo oyen, y la naranja por unas hojas de menta.

Intolerable. Vamos a ver, almas de cántaro o vasija, según género en el que os hayáis autodeterminado, analfabetos que confundís las tabernas con casitas de té, agentes de los ayatolás dispuestos a destruir los valores de occidente: si quisiéramos beber licorcitos leves de flores de sauco nos hubiéramos ido a vivir a un convento benedictino. Por otra parte, si el cielo se va a caer sobre nuestras cabezas en forma de misil, para qué reducirnos la tasa de alcohol o azúcar. Incomprensible.

Esto es lo importante, pequeños indicios del desmoronamiento del mundo y nuestra civilización, señoras y señores. Aunque he de admitirles que en el asunto de la guerra se produce una descoordinación desconcertante que nos tiene atribulados. Se lo tengo dicho, la nostalgia no es una estrategia, rebélense, háganse un “Aperol Spritz” y relájense, si llega el apocalipsis que les pille con un punto de elegancia italiana.

Repasemos las noticias: el lunes, Ormuz estaba cerrado, se bombardeaba Teherán, caían bombas sobre el Líbano. El martes, se anunciaba el retorno a la edad de piedra, un misil volaba hacia Turquía y caían bombas sobre el Líbano. El miércoles se abre Ormuz, caen bombas sobre el Líbano, un misil coreano del norte vuela hacia Corea del Sur. El jueves, Ormuz está cerrado, Trump se enfada con todo el mundo y caen bombas sobre el Líbano. El viernes parece que Israel y Líbano negocian qué hacer con Hezbolá y sí caerán bombas sobre el Líbano.

Quizá los más veteranos del lugar recuerden cuando Líbano era la “Suiza” de oriente. Donde los drusos de ojos azules, árabes y todas las religiones convivían en un país paraíso, antes de que las satrapías del golfo construyeran su distópico mundo.

En todo caso, la disrupción “trumpista” nos ha traído un absoluto desconcierto, e inseguridad, un auténtico lío global. Es el momento de que hagamos algo. El cronista ha tenido una idea coordinadora brillante. Estimados sátrapas del mundo, autócratas y señores de la guerra: tengo una propuesta para ustedes: ¿Por qué no se coordinan y deciden una fecha en la que todos sus arsenales caigan sobre el mundo y nos traigan, de nuevo, la edad del mono erguido y la piedra? Reconozcan, estimados sátrapas, que es una propuesta eficaz, que mejora la productividad y suprime la incertidumbre. Puro capitalismo de negocios, tipo Trump. También podría enviarlos a donde Labordeta enviaba a los matones [*], pero siempre es mejor una negociación.

El anuncio debe cumplir determinadas condiciones. Debe planificarse con cierta antelación. Todo el mundo sabe que necesitamos trompeteros, antes de que los misiles rompan el séptimo sello y no tenemos tanto profesional para tanto lío a mano. Es evidente que el apocalipsis no puede ser un martes o miércoles, hay Champions League y eso es sagrado.

También hay que dar algo de tiempo, al menos cuatro o cinco días: necesitamos reunir a la Academia de Cine, otorgarle a Pedro el premio a toda una vida en la profesión, imprimir pegatinas y chapas, enviar una flotilla a alguna parte, Pedro tiene que convocar una manifestación y hacer, de despedida, una rueda de prensa, enfadado y sin desayunar. Los amigos de Trump que no quepan en el cohete al espacio de Elon también necesitarán tiempo para que el desastre lo paguen los de siempre.

Otras cosas deben ser previstas. Por ejemplo, hay que ir a la edad de piedra salvando dos cosas: internet y Spotify. Lo de internet es necesario por muchas razones, pero especialmente una: nuestros jóvenes Z necesitan de la inteligencia artificial para estudiar tres tutoriales: uno, para saber lo que es una gallina; dos, para distinguir un huevo y tres para aprender a freírlo. Como alternativa, podemos pactar la supervivencia de un Uber o un Delivero.

Lo de Spotify es duro, pero necesario. Sí; el algoritmo impone que toda la música sea escandalosamente similar, pero imaginen ustedes un día sin pantallas y con un bardo, seguramente de las Galias, cantándonos al oído. Mister Trump, usted es “very ugly and bad “, pero tenga un poco de compasión. Qué más le dan estas concesiones si usted se habrá ido a Marte con Elon.

Por último, hay algo extremadamente necesario. Para ir a la edad de piedra debemos transitar con las elegantísimas tradiciones que han forjado nuestra moderna civilización. Para que vean que aquí somos plurales, no como la televisión pública, les propongo que vayamos al apocalipsis con dos ideas; una progresista y otra conservadora.

La progresista es evidente: nada tan civilizatorio, moderno y elegante como trasladar a la edad de piedra el güisqui, el humo y las prostitutas. Los conservadores aportarán un gesto de historia avanzada como son urbanizaciones protegidas contra ataques zombies, donde como los caminos habrán sido derruidas y los hospitales destruidos, lo suyo es suprimir en la próxima era, y para siempre, todos los impuestos.

Estas medidas no solo salvarán la próxima edad de piedra, aliviarán nuestra incertidumbre. Ya que les he resuelto su desconcierto y encontrado la solución a su estrés, me permitirán que vuelva a lo importante: hoy, no habrá vinito de viernes a su salud; me tomare un “Aperol Spritz”, antes de que los agentes de la salud nos pongan la cosita de las florecitas de sauco. Tengan buen día.

[*] N. de la R.: “¡A la mierda!”, ahí los mandaba Labordeta.

 

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