Bajo el opaco manto de la gracia

Sánchez ha utilizado tantas veces la expresión medida de gracia como indulto. Aunque se cita en varios preceptos de la Constitución (artículos 62.i, 87.3 y 102.3), no existe ninguna definición constitucional, ni legal del Derecho de Gracia.

La medida de gracia no es otra cosa que el poder de beneficiar discrecionalmente a los individuos, respecto de las consecuencias desfavorables que les acarrea la aplicación de las normas. Cosa que, en general, repele al estado de derecho.

El derecho de gracia tiene, decían los monarcas absolutos, naturalmente, origen divino, aunque los cesares autócratas romanos ya la utilizaban profusamente. Nada para mejorar la imagen ante los súbditos que ser «graciosos», sin tocar los sistemas de justicia, a medida del señorío.

Bajo el opaco manto de la gracia no se oculta una forma de justicia sino de arbitrariedad. Y la sospecha es que bajo la decisión hoy tomada se esconden más potenciales arbitrariedades de las que han sido explicadas.

El que suscribe no es un entusiasta del indulto, aquí se ha dicho, pero tampoco un negacionista.

Si el perdón fuere producto de negociaciones, de finales de exabruptos de los fugados, de sus reclamaciones indignas sobre la marca España, si ofrecieran un escenario y una estrategia, como la amnistía aprobada en la transición, de pacificación para un montón de años, si fuere una expresión de lealtad institucional, podría mirarse como resultado de un proceso.

Aquí no somos culpables todos, diga lo que diga Sánchez: los que radicalizaron con violencia y práctica antidemocrática sus demandas fueron los condenados. Y la equidistancia molesta.

Sin embargo, aquí no es el final, sino el inicio y dicen, los que han sido beneficiados, que ya irán mirando lo del referéndum, la autodeterminación y esas cosas.

Hoy no hay menos tensión en Cataluña que ayer, hay más enaltecimiento de la causa y más sospecha de los que no son de la partida de que han vuelto a perder.

Lo primero que debe decirse es que el indulto reconoce el carácter político de los condenados.

Si se reconoce un conflicto político y se añade la utilidad pública de su libertad, en un escenario de negociación política, es evidente que se les reconoce ese carácter y, sospecho, de la pena. Al final, sugiere el gobierno, eran presos políticos.

Y, al final, el gobierno de Catalunya seguirá ampliando la lista de represaliados perdonables. Libertad para los CDR ya mismo, al fin y al cabo solo amenazaban a Casado.

También es cierto que, sacados los presos de las ominosas celdas, no habrá razón para sostener ante tribunales europeos reclamaciones sobre los fugados. Dicho sea, pues, al delito de sedición le quedan dos días, las reclamaciones serán inútiles y Puigdemont, el valiente y honorable fugado, paseará por Barcelona en honor y gloria.

Tampoco tiene sentido reclamar ante los tribunales de control externo malversación alguna. Cierto: no se indulta el delito, se indulta la pena, pero lo que es, es: por qué reclamar patrimonios a funcionarios, por venales que fueren, que malversaron dinero público por orden de los hoy perdonados. El perdón es, pues, extensible.

A declaración de parte, no es necesaria la prueba. Enmendado el Tribunal, enmendada queda la ley y el procedimiento que Marchena siguió con escrúpulo para que nadie le tumbara la sentencia. Ni sedición, ni rebelión, ni nada. Más que nunca: !Ancha es Castilla!

Inventario de daños, pelillos a la mar, pueden pensar ustedes. A futuro todo serán, dice el gobierno de España, concordia y ríos de leche y miel corriendo por las riberas de los ríos catalanes.

Mesa de negociación, presidida por un inhabilitado y, como no espabilemos, por un fugado. Financiaciones a la carta sobre la mesa, referéndums que piden los catalanes y el propio Illa, que maravilla. Nuevos estatutos, exclusiones al Jefe del Estado en Cataluña. Todos los melones abiertos, incluido algún voto a Sánchez si falta hiciere.

Algo debe reconocer el cronista que le ha molestado especialmente: Pedro dice que lo hace por mis nietos. Y una higa. Mis nietos y nietas necesitan el trabajo de sus padres y sus salarios dignos, las reformas educativas, calidad en la salud y todas esas cosas que no tenemos, ahora que hemos descubierto que todo estaba pillado con pinzas..

Pero nada, es que me pongo vengativo, porque no soy demócrata, faltaría más. Preocupaciones de facha.

Ya saben: lo que para el gusano de seda es el fin del mundo, para el gran señor es una mariposa. Y hoy, Pedro el paseante se ha regalado una mariposa, mientras algunos de ustedes se sienten un poco gusanos. Pues nada.

 

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