La moda de la intransigencia
Vivimos tiempos en los que quien se aparta de lo políticamente correcto lo tiene crudo. La moda afecta hasta a las estatuas de Cristóbal Colón, por no haberse quedado en casa y llegar a donde no pensaba.
Vivimos tiempos en los que quien se aparta de lo políticamente correcto lo tiene crudo. La moda afecta hasta a las estatuas de Cristóbal Colón, por no haberse quedado en casa y llegar a donde no pensaba.
Lleva Pablo Iglesias una semana larga repartiendo insultos tras su implicación en el robo de la tarjeta telefónica de Dina Bousselham. Y no se trata de unos insultos cualesquiera dado el magisterio con que los propina: incluso desde la tarima donde se explican los acuerdos del Consejo de Ministros.
La muerte por COVID 19 de personas mayores ha puesto sobre ellas el foco de la atención pública. Se ha llegado a hablar, siempre en términos exagerados, como el adiós a una generación.
Siempre ha habido malestar en la sociedad, por supuesto, porque siempre existe una diferencia profunda entre nuestras expectativas y nuestros logros. Pero el de hoy es un malestar generalizado, que va desde las primaveras árabes a los indignados de Hong Kong, desde los chalecos amarillos franceses a las revueltas antirracistas en todo Occidente.
Soy de los que creen que hay que evadirse de la realidad de vez en cuando, porque la realidad no está precisamente para echar cohetes.
Las autonomías españolas son más autónomas después del coronavirus que antes de él. No en la teoría constitucional, claro, pero sí en la práctica. Me explicaré.
A todos nos gustaría que las cosas de nuestro pasado, personal y colectivo, hubiesen sido mejores de cómo fueron. Pero el pasado es como es y no como debería haber sido.