Sánchez, la cazadora y la sesión doble
Se pasó el fin de semana Sánchez de cazadora. Ya no es la chupa de cuero de los días de bronca. Ya estamos en época de glamur: o sea, que toca cazadora.
Se pasó el fin de semana Sánchez de cazadora. Ya no es la chupa de cuero de los días de bronca. Ya estamos en época de glamur: o sea, que toca cazadora.
Ya tenemos presupuestos para el año que viene. Bravo, presumamos de estabilidad. Hay ya una larga tradición de presupuestos democráticos en España que reúnen una característica común: nunca se cumplen y siempre tienen más déficit de lo que proponen.
A ver, ni usted ni yo nos creemos que el asunto ese de subir las cuotas de la Seguridad Social tenga que ver con la equidad intergeneracional. Tampoco, con hinchar la hucha de las pensiones.
La tensión y el desencuentro entre los socios de Gobierno son mayores que nunca. Un día sí y otro también discrepan en privado y en público por los temas más diversos y en muchos casos trascendentes: desde la legislación sobre alquileres hasta el precio de la luz. Pero ahora han llegado al paroxismo con la…
Esta semana han pasado muchas cosas que requerirían abundantes análisis: desde la fiesta nacional al juicio de Villarejo, desde las desiguales inversiones territoriales a las dudas sobre la economía. Por no hablar del gas ruso o argelino o la luz o de los apaños de Feijoo sobre la financiación autonómica.
El bono ha vuelto. El cheque, por cierto siempre rechazado por la izquierda de verdad verdadera, cosa de Aguirre, legalizada por Zapatero, no es mala cosa: facilita más la equidad que las subvenciones a propietarios o prestadores de servicios.
Se supone que el Consejo de Ministros es el encargado de llevar, con buen pulso, la gobernación del país y no andarse en cabildeos extraños con el Poder Legislativo y confrontaciones estériles con el Poder Judicial, justo lo contrario de lo que ahora sucede.