Cabreo pospandémico

La semana ha sido prolija en noticias. Nos cambiaron el gobierno, tocó las narices el Constitucional, se insurreccionan en Cuba y cosas por el estilo que un cronista no puede ignorar.

Pero hoy es viernes y como ustedes llevan con el cronista más viernes que con Ábalos saben que el jefe de la Clicktertulia, Don Juan Ignacio Ocaña, nos tiene dicho que los viernes de cosas sesudas pocas.

Los CEO de la radio aplauden el criterio y han dicho que nos harán como a Messi (me temo que hablan de reducirnos el estipendio, que la frase ha sido confusa).

Por lo tanto, puedo hablarles de lo que me tiene inquieto: mi cabreo pospandémico,

El juego es conocido: cara, yo gano; cruz, tú pierdes. Igual creen que estoy hablando del juego al que Sánchez jugó con Ábalos la semana pasada. No; les hablo de la inacabable pandemia. Quiero decir: si sala cara, se ponen vacunas; si sale cruz y sigue habiendo contagios, impongo más restricciones.

El Tribunal Constitucional ha dicho que cuidadín, que el juego no le gusta, que parece un poco de trileros. Y los ministros se han enfadado mucho: ya que se enfadaban por lo suyo han aprovechado para enfadarse con el Tribunal y, de paso, con todos los jueces y juezas, total llevan años de prácticas.

Iceta que había aprendido a contar naciones, hasta ocho, se enfada porque le mandan al departamento de fútbol y danza, a contar atletas. Su sucesora, triunfal heredera, se enfada porque el tribunal ignora que el encierro salvó, dice, a 450 mil personas, ella las ha contado.

Curioso país éste, me digo iniciando mi cabreo, en el que aún no sabemos cuántos hemos muerto, pero sí cuantos nos hemos salvado. Sospecho que el rigor de la nueva ministra es el mismo que el de los salientes.

Por cierto, los resistentes de Podemos no han dicho nada: les tiene dicho la que manda en el Gobierno que, de momento, silencio, que se dediquen a Cuba, que aquí mejor que no se note que no hacen nada.

Volviendo al asunto, las familias de las víctimas homenajeadas por el gobierno ayer, con una elegante luz, como si ya no fuera a haber más, escuchan que ha triunfado la ciencia.

Ahora bien, ustedes que son algo malvados se preguntan, si la ciencia ha ganado de nuevo, qué hace aquí la quinta ola o ¿por qué tuvimos muertos por habitante superiores a Reino Unido, Francia, Alemania, Estados Unidos, Brasil, etc.? En el mundo, durante la primera ola, sólo nos superó Perú.

¿La quinta ola es culpa del chavalerío, bajando desaforado a playas o botellones?

No negaremos, querida muchachada, la responsabilidad de algunos. Aceptemos, sin embargo, la apariencia de tranquilidad que da la vacunación -al mes que viene todos seremos inmunes, dijo Sánchez en tono científico-. Pero entendamos, también, la dimensión de la fatiga que nos lleva a ignorar la precaución.

Los niveles de contagio han vuelto a ser elevadísimos, de escándalo, y, diga lo que diga el Constitucional, los tribunales de la cogobernanza han vuelto a los toques de queda en muchos municipios. Encerrarnos parece la única receta de la que, en realidad, dispone la ciencia.

Los expertos, por el contrario, enseguida seguidos por los responsables políticos, han inventado un nuevo mantra: hemos de “aprender a vivir con el Covid”.

Un brillante descubrimiento que nos coloca a cada uno de nosotros y nosotras con nuevas obligaciones: deberemos ser filósofos morales, economistas de la salud y tomas decisiones finamente equilibradas entre lo que es un riesgo aceptable y la responsabilidad con nuestros conciudadanos.

El triunfo de la ciencia y la convivencia con el virus es un nuevo campo minado, producto de la arrogancia.

Solo ha hay una forma de salir de esta pandemia y es a través de la inmunidad colectiva. La pregunta es cómo lograrla lo más rápido posible, sin hundir la economía y manteniendo al mínimo la pérdida de vidas. No hay respuesta.

Y éste, señoras y señores míos, es el origen de mi cabreo pospandémico. No hay respuesta, pero ya cambiamos a gobiernos de reconstrucción, porque la emergencia es cosa del pasado o cosa de los de la cogobernanza y los jueces.

Éste es el juego final que la mayoría de los científicos prevén para Covid, de ahí que las farmacéuticas, atentas siempre a las vacilaciones de los gobiernos, pidan ya las “vacunas de refuerzo”, un pequeño negociete añadido, a cambio de nuestra salud.

O sea, mis queridos y queridas de nuevo enmascarados, por si acaso, se me dan por avisados y preparen su brazo para ser pinchados otra vez cualquier día de estos. Mientras tanto, pasen un buen día, pero con prudencia. Hace mucho calor para botellones, qué quieren que les diga.

 

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