ZP las joyas del cosmonauta que viajaba por la cloaca

Ahora sabemos que el Ateneo de Madrid -225 años de historia contemplan a una institución nacida “para dar luz”- ha decidido su suicidio cultural, aceptando a su presidente como portavoz de la inocencia de Zapatero. Los huesos de Martínez de la Rosa, Alcalá Galiana, José Echegaray, primer premio Nobel español, apenas recordado, de Menéndez Pidal, Valle Inclán o Azaña, entre otros ilustres presidentes, han temblado en sus tumbas, mezclados con la porquería, por razones de clientelismo, pasta y subvención.

El Sr. Arroyo, cuyo prestigio decidió arruinar hace tiempo, ha pedido perdón por “inducir al error” (las joyas “heredadas” solo valían apenas 50 mil euros). Quizá debiera pedir perdón por mentir, sabiendo que lo hacía; quizá debiera reconocer sus vínculos económicos, quizá debiera dimitir, por respeto a una institución que, probablemente, no soporte el golpe reputacional de su alineamiento.

Lo escribieron, esta vez por separado, Borges y Bioy Casares: “el lujo es la forma más costosa de la vulgaridad”. Aunque hablando de alguien que se dice de izquierda, quizá debamos recurrir mejor a la sociología, a Thomas Veblen que, antes que los literatos, escribió su Teoría de la clase ociosa (1899).

Escrita en la época de los “barones ladrones”, Veblen describe a quienes se emplean en prácticas económicamente improductivas que no contribuyen a la calidad de vida de las personas. Ahí está Zapatero, reflexionando si su legado es la borgiana vulgaridad o la venal práctica.

Nos lo había dicho nuestro joyero de cabecera, Armando Rodríguez, presidente del gremio madrileño y contertulio: ahí hay más de un millón. Ansorena que, seguramente, será responsable en unas horas de organizar un golpe de estado en versión Oscar – el Puente o el otro bocazas-, lo ha ratificado. Incluso, es más y es un valor mínimo.

Nuestro insultado joyero no recibirá disculpas. Tampoco Ruiz, Intxaurrondo y Cintora, de los de un fascal la hora, pedirán disculpas ni las habituales gritonas con escolta, ni el presidente del Ateneo dimitirá si no le hacen marcharse. Los conmilitones se lo tragan, todo es una conspiración.

Ha llegado el abogado: José Luis, dice, ya no diremos que somos inocentes, diremos que Trump robó un teléfono. José Luis no sonríe, él sabe que nos ha mentido y que nosotros lo sabemos. Ha llegado el juez: imputado por contrabando, ¡anda, este delito no lo teníamos! y delito fiscal.

Unas joyas árabes, unas joyas llegadas de forma clandestina, unas joyas ilegales, unas joyas sin papeles, unas joyas necesitadas de regularización. Pedro, tú sabes de eso, echa una mano, ZP se diluye, no se encuentra. El faro moral, el lado correcto de la historia, necesita aliviar su dolor.

Zapatero. ¿Y quién eres ahora? Las noticias hablan de este ícono de la izquierda global que, en la caja fuerte, no guardaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino joyas caras y de dudosa procedencia. Un recurso con el que quizá planeaba escapar a Caracas o Dominicana, como cualquier malvado de película de serie B.

Ni la derecha hubiera sido capaz de inventar una propaganda tan hiriente. La realidad se permite cosas que ni la literatura osaría. No nos engañemos, todos estábamos en el secreto, menos sus conmilitones que vivían en la esperanza de una moral que no tiene faros, de una historia que, como no es un rectángulo euclidiano, no tiene lados.

Sabíamos lo que pasaba en el Helicoide, las presiones a los presos, los conchabeos con la dictadura chavista, los tonteos con Delcy. El príncipe de la traidora ha sido, como ella misma, desnudado, ha hecho realidad todas las suposiciones –y algunas que nos quedan por saber y que van viniendo-.

Es real: es Zapatero. El socialista con rostro humano y ojos de gacela, el vínculo entre Jhonny Guitar, el que imploraba una mentira, y Bambi. Durante mucho tiempo, fue el Príncipe de la izquierda global, desprovista de liderazgos progresistas y austero, capaz de seguir siéndolo incluso en el gobierno.

El azote incorruptible, el campeón del matrimonio homosexual y de la televisión pública independiente. El que no se levantaba ante las banderas, el de la Champions League de la economía española, reventada en crisis financiera y plazas ocupadas. No quisimos verlo. Como diría el ahora premiado Jules Barnes (2025): “Tenía firmes opiniones, pero las defendía con débil convicción”. No supimos ver que, tras la consultoría global, había puro negocio irregular.

Zapatero. ¿Quién eres ahora? ¿O eras así antes? Blair y Clinton no prometieron cambiar el mundo, solo comprar un pedazo de él. Pero ellos eran la izquierda empresarial, mientras que ZP predicaba la izquierda de la gente. Y, sin embargo, si Trump es un cínico, ¿cómo se define a alguien que hace exactamente lo contrario de las expectativas que él mismo ha generado?

A quienes somos “muy cafeteros” de la vitalidad de las instituciones y la calidad democrática nos parece que la cloaca de Ferraz y Moncloa es lo que hace que el socialismo realmente existente deje de merecer el gobierno. Pero lo que destroza al partido, lo convierte en un enorme pozo de silencio, es la traición a los ideales. ZP le ofreció al PSOE su vínculo con la historia que toda organización necesita, ahora lo sabemos: a precio de gema.

Quién sabe si, algún día, la izquierda dejará de buscar sus modelos a seguir entre los líderes de la nomenclatura venal del envejecido socialismo realmente existente, para reencontrar la socialdemocracia entre las muchas personas de la sociedad civil que rara vez presumen de ciertos valores, tal vez porque, en realidad, los practican.

Los tabernarios habituales nos sonreiremos: nosotros sabíamos la verdad. Manuel Vázquez Montalbán la escribió: “es inútil el cosmonauta que contempla las estrellas, para no ver las ratas”. Añado, inútil un cosmonauta que viaja por la cloaca.

 

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